3.2.12

Thays (y el) apanado

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En medio de esta especie de callejón oscuro post-kindergarten al que varios miles (no exagero, varios miles) de peruanos han sometido a Iván Thays debido al horror de haber confesado en un blog que a él la comida peruana le parece mala, pesada y poco menos que insoportable, no han faltado los típicos matones de balcón que le han espetado un muy peruano "y éste a quién le ha ganado" o un no menos peruano "qué cosa ha hecho éste por su país" (ambas cosas dichas casi siempre por personas que tendrían grandes problemas para responder esa pregunta si estuviera dirigida a ellos mismos).

Yo sé que cada vez que hablo positivamente en favor de un amigo no falta el vitriólico que me acusa de argollero (como si la actitud moral transparente fuera hablar mal sobre los amigos). Me importa un pepino. Mejor aun: me importa un pepián. Igual digo lo que pienso y lo que pienso acerca de esas dos cosas es lo siguiente: Iván Thays administra desde hace muchos años el blog literario más leído e influyente de todo el mundo hispano. Gracias a ese blog, una inmensa cantidad de escritores, lectores y estudiantes de literatura peruanos están mucho más al día con la literatura contemporánea de lo que podrían estar si Iván no se diera ese trabajo, que, hasta donde sé, no le genera ingreso alguno.

Pero ese mismo blog ha hecho que, en todo el ámbito hispano, una gran cantidad de escritores peruanos, sobre todo escritores jóvenes, se hagan conocidos fuera del mercado lector nacional, y a estas alturas es simplemente imposible calcular cuántos escritores peruanos han tenido la oportunidad de publicar en revistas extranjeras, ser leídos más allá de nuestras fronteras, ser invitados a congresos o a conferencias, ver sus libros editados o distribuidos fuera del país, etc., gracias a la tribuna que el blog de Iván les ha dado. El mismo Iván mantuvo por muchos años, en el canal estatal, el único programa televisivo peruano dedicado exclusivamente a la literatura, otra tribuna que no habría existido si no hubiera sido por su esfuerzo personal.

Yo sé que en la mente de la mayoría de los peruanos ninguna de esas cosas es tan loable ni tan admirable como, por ejemplo, abrir un restaurant en la avenida La Mar o fundar una feria gastronómica para el goce de la clase media limeña. Pero hay retrógradas, pasatistas y anticuados como yo que pensamos que es infinitamente más encomiable, porque la producción de arte y cultura, y la producción de literatura en particular, son una espina dorsal en el cuerpo de cualquier nación, una que ninguna industria puede reemplazar o debería desplazar. Nuestra literatura es uno de los espacios donde, por ejemplo, podemos repensar, evaluar y sopesar la violencia de nuestra historia reciente. No he visto el plato novoandino que me permita hacer algo parecido. Sí he visto, en cambio, a muchos limeños que prefieren tener la boca llena de tamalitos antes que sentarse a conversar sobre las heridas aún abiertas en el país.

Sé con pleno conocimiento de causa que muchos escritores jóvenes le deben buena parte de su carrera a la generosidad de Iván; probablemente no haya, con la excepción de Oswaldo Reynoso, un autor de generaciones anteriores que sea tan crucial para el crecimiento de la última generación de escritores peruanos como Iván Thays: no en los términos imposibles de mensurar de la influencia literaria o la emulación, sino en los términos concretos que sólo pone sobre la mesa quien da consejo, instruye, forma, difunde y apadrina a los más jóvenes. Eso no es habitual en la literatura, un mundo donde más frecuentes son el egoísmo y la confabulación y la mezquindad.

De nuevo: entiendo que para la mayoría de los ciudadanos de un país donde los índices de lectoría son paupérrimos, la industria editorial es enana y defectuosa y el amor por el conocimiento ha sido desplazado por diversas formas de chauvinismo e incluso de orgullo por la ignorancia, ese lado del trabajo de Iván le resulta a la mayoría irrelevante y secundario y, en cambio, su desafecto por la comida peruana (nuestro nuevo gran valor nacional), se convierte en detestable e imperdonable. Tengo problemas para aceptar que estemos permitiendo con tanta facilidad ese ridículo enrevesamiento de valores: si mañana un ministro de Educación borrara a Arguedas de los currículos escolares no provocaría un escándalo tan grande como el que provocaría una asociación de restaurantes que borrara el lomo saltado de su menú. De hecho, la privatización del plan lector ya dejó, en la práctica, los currículos de lectura de los colegios en manos de comerciantes a los que poco les importa el contenido de los libros que venden, con tal de poder venderlos. Y el escándalo, oh sorpresa, no se ha producido.

Hay algo francamente terrible en una sociedad en la que, de pronto, para que un pintor sea apreciado tiene que dedicarse a dibujar afiches monótonos, comercialones, repetitivos, insignificantes y decorativos; para que un escultor se vuelva célebre tiene que diseñar adornos y lamparitas, todos idénticos; una sociedad en la que lo banal es siempre más apreciado que lo significativo y en la que el único libro exitoso será el que apele al escándalo farandulero; una sociedad en la que el arquitecto más elogiado es el que haga la casa de playa más cara o el edificio más bonito en San Isidro pero en la que nadie se sorprende de que hayan desaparecido casi enteramente, por décadas, los proyectos de urbanización saludables para las zonas marginales y para los barrios más pobres; una sociedad que dice vivir un boom inmobiliario cuando una cuarta parte de la población vive bajo esteras y otra cuarta parte en el peor hacinamiento; una sociedad que dice vivir un boom de la cocina cuando los niños que mueren por desnutrición se cuentan por millares cada año.

Y eso último nos debería hacer pensar de verdad. Uno lee por todas partes el argumento de que, tras tantos años de pérdidas, derrotas y desencuentros, de pronto el éxito de la gastronomía peruana se ha vuelto un elemento de cohesión, un producto cultural del que todos los peruanos se pueden sentir orgullosos. El problema es que, para que eso fuera cierto, tendríamos que redefinir qué cosa es un peruano, y dejar fuera del círculo a los millones que comen lo que pobremente puedan conseguir y que jamás han puesto ni pondrán un pie en los restaurantes y las ferias que derriten el corazón de los ricos y de la clase media.

Ojalá que el estúpido apanado contra Iván Thays (no pun intended) al menos sirva para que nos pongamos a discutir sobre estas otras cosas, que son las que deberían causarnos indignación. Yo por mi parte sé que la próxima vez que vaya a Lima conversaré con Iván sobre esto, quizás en un restaurant donde yo pueda pedir un ají de gallina e Iván pueda pedir una pizza napolitana sin que ningún atrofiado lo acuse de traición a la patria en tiempos de guerra (culinaria).
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19 comentarios:

Italo dijo...

muy lucido tu post gustavo, saludos,

Anónimo dijo...

"a estas alturas es simplemente imposible calcular cuántos escritores peruanos han tenido la oportunidad de publicar en revistas extranjeras, ser leídos más allá de nuestras fronteras, ser invitados a congresos o a conferencias, ver sus libros editados o distribuidos fuera del país, etc., gracias a la tribuna que el blog de Iván les ha dado."

Si aquí se califica de “tan deficiente” lo que escribe Gustavo Rodriguez, entonces más importante que saber la cantidad de escritores beneficiados por Ivan Thays, sería saber si son escritores eficientes, o si más bien el señor se ha encargado de publicitar a escritores deficientes.
Porque no se trata tampoco de exportar cualquier huevada ¿no?

Anónimo dijo...

Una vez vi una entrevista a un joven cocinero en Lima donde le preguntaban que le había dado la cocina y este decía que una identidad... No se trata que la comida sea rica o no. Tu escribes por el placer de escribir seguramente. Hay gente que escribe por placer y porque entre otras cosas quiere ser libre, porque la literatura te da herramientas para ganarte la vida, como lo puede hacer el deporte, etc...si la cocina funciona y le da oportunidades a la gente en un pais como Perú, mejor opinar con criterio. Y no me parece que escribir en un medio español que la comida peruana es un boom ( como en algun momento se trato a la literatura latinoamericana)sea actuar con criterio, teniendo en cuenta que la cocina crea desarrollo. Mal la intolerancia sí, pero mal también las pataletas ilustradas...

Anónimo dijo...

He tenido tiempo para leer los comentarios que apuñalan a Thays y son vergonzosos, no entiendo por que hay tanta gente "ignorante", que se deja llevar por el titular incendiario, por la payasada periodística, que se deja manipular y no tiene la valentía de leer el articulo publicado por Thays e incluso no lo han entendido.

Libra dijo...

Coincido con algunas opiniones, que se debe respetar los gustos y colores. No se puede ir contra la corriente, si se trata de hablar de tolerancia, el que empezó este rollo fue Iván por no respetar todo un movimiento que con mucho esfuerzo y con el agrado de un pueblo muy diverso se ha generado: reconocer que nuestra gastronomía es destacada, pero eso a algunos les desagrada, sería mejor quedarse callado o lavar los trapitos en casa, ¿no creen?

Anónimo dijo...

De acuerdo con el análisis de fondo y en la injusticia que se ha producido al demonizar a Thays por esos comentarios. En desacuerdo con pintar ahora a Thays como a un solidario héroe cuya misión es dar a conocer el trabajo de jóvenes escritores. Incluso parece que le diera urticaria mencionar algunos nombres. No lo conozco personalmente, ni conozco sus intenciones, por lo que es muy probable que esté equivocada, pero en mi opinión -totalmente basada en sensaciones- es que su blog le sirve más a él para promocionarse a sí mismo. Lo cual es muy lógico, y cmpletamente lícito y aceptable. Por algo es su blog. Pero no confundamos las cosas. No es un demonio, pero tampoco creo que sea un santo.
Personalmente, su imagen pública no me genera ninguna simpatía.
Pero lo uno no quita lo otro. Lo que ha ocurrido estos días no tiene justificación. Su opinión negativa sobre cocina no debió haber generado esta reacción, y menos el ataque que ha sufrido. Totalmente condenable.

Alonso Cueto dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con Gustavo. La reacción contra Ivan es solo una muestra de la ligereza con la que olvidamos los temas esenciales. Poner el grito en el cielo por una declaración como la de Ivan Thays e ignorar nuestras carencias fundamentales en educación, cultura y política, es una señal de nuestra culto a lo superficial. Me parece que Thays lo ha resumido admirablemente en su post del 3 de febrero. Gustavo Rodríguez en una entrevista dijo algo que también merece ser resaltado: "Un país puede progresr sin una gran cocina pero no sin tolerancia."
Alonso Cueto

Jar0k dijo...

No estoy de acuerdo.
Hay formas, el saber escribir y tener influencia te debe hacer mas responsable con lo que dices y haces. El escritor Thays podrá haber hecho cosas muy buenas, eso no lo discute nadie, no se le critica por eso. La actitud es la de alguien que se cree más que el ciudadano de a pie que le gusta su chanfainita, como a mí. Que quiera meterse en darme consejos en lo que debo comer o no. Eso que lo deje a los médicos, el oficio de escritor no te hace mejor persona, no te hace un creador, es sólo una fantasía dentro de lo que escribe, pero cuando levanta la vista de la hoja escrita, ni siquiera su valor aumenta una media de gramo y ya que mencionas a las argollas, pues claro, el sistema en sí se presta para eso. No me digas que las grandes editoras son un ejemplo de humanismo y altruismo, que quieren que la literatura llegue a todo el mundo. Pfff. Lo que quieren es gente joven a quien exprimir, argolla??? sí y de las peores. No se me hagan los buena-gente. La gente está cansada de criticones, si no te gusta algo, pues no lo comas, pero no andes tapándote la nariz como un ser superior, que de serlo, sería mucho más humilde y digno. El oficio de escritor debe ser bien miserable, pero no nos pasen sus palabras llenas de petulancia, no las queremos, no las necesitamos, no las merecemos. A el pueblo no se le debe retar, que aprenda a respetar.

Anónimo dijo...

"No se puede ir contra la corriente, si se trata de hablar de tolerancia, el que empezó este rollo fue Iván por no respetar todo un movimiento que con mucho esfuerzo y con el agrado de un pueblo muy diverso se ha generado"

Whoa! Llegamos al punto crítico de la historia: Ser tolerante es abstenerse de decir que no me gusta la comida peruana porque me cae mal. Ser intolerante es decirlo. Estimados compatriotas, desde este momento en el Perú es una falta de respeto decir lo que uno piensa. Y pensé que ya habíamos tocado fondo cuando Alan salió elegido por segunda vez!! Bueno, a qué hora se escapa Montesinos de el hospital de la FAP? Otra cosa. Averiguen cual es la penetración de las redes sociales en el Perú, mejor aún, investiguen cuantos Peruanos pueden acceder a Internet desde sus casas? Porque no comenzamos por ahí?

Anónimo dijo...

La cocina no crea desarrollo, si fuera así, la India o Brasil no tendrían tamañas desigualdades, vayan a las cifras, lo que crea desarrollo es tener a la sociedad bien nutrida, especialmente a los niños. Cocina Sueca? Cocina Holandesa? Cocina Finlandesa? Cocina Noruega? Cocina Danesa? Miren el lugar de estos países en los índices de desarrollo y justicia. Porque seguimos siendo tan inseguros los peruanos? Que burro, me olvidaba, la educación peruana ya claudicó hace tiempo, ganaste Magaly, ganaste.

Cristina dijo...

Muy acertado lo que dices. Yo vivo en España y hace años que leo el blog de Iván y gracias a sus comentarios, y porque confío en su criterio, he descubierto a autores peruanos, otros autores latinoamericanos y también de otras lenguas. A algunos los he podido leer y a otros no, aunque me parezcan interesantes, porque no puedo conseguir aquí sus libros (para eso ya está clamando, también Iván, por el libro electrónico). Sin ir más lejos llegué así a este blog (a Puente Aéreo).

Estoy muy apenada (que no apanada, no conocía esa palabra hasta hoy) por esto que está pasando con Iván. Me parece completamente desproporcionado que una opinión en un blog personal pueda generar tanta violencia verbal y que titulares de periódicos y televisiones se ocupen del asunto.

Sinceramente no sé qué pensar de los peruanos después de ver esta reacción que me deja perpleja, espero que se me entienda bien porque sé perfectamente que aquí se pueden armar circos así en la televisión o en internet, supongo que por temas de prensa del corazón o tonterías similares, o tal vez por alguna otra cosa no sabría decirlo. Pero se me hace difícil pensar que si un escritor dice en su blog que las Fallas, por poner un ejemplo de símbolo colectivo, son una horterada nadie lo vaya a crucificar de esa manera más allá de un par de tarados.

ORTIZ dijo...

Gustavo, te "conozco" desde aquel post de "por qué Ciro si importa y las otras 15,000 desapariciones , ¿no?", al menos esa era la idea.
Nuevamnete en el caso de Iván (a quien conozco y aprecio), pones el resaltador en lo que queda silenciado, porque sabes que el barullo contra Iván tiene la función de callar lo que él ha señalado como la herida más grande en un páis (también en las personas): IDENTIDAD Y NACION.
De otra parte, a mi me consta el interés de Iván por la cultura y el conocimiento.
Que este "apanado" sirva para PENSAR-NOS.
KEKA ORTIZ

Anónimo dijo...

Off-topic: Está bien, el primero que se sintió aludido no fue Gustavo Rodríguez sino Gastón Acurio. Lo que no entiendo es, cómo es posible que una persona como Gastón Acurio, que declaró. "Ni sé quién es Iván Thays" sea jurado de un conocido concurso literario? ¿A quién más "no conoce" Gastón Acurio? ¿Qué ha leido últimamente, aparte de su propio librito sobre el cebiche que lo vende a 70 soles?

Anónimo dijo...

http://puenteareo1.blogspot.com/2008/07/libertad-de-blasfemar.html

Anónimo dijo...

""Lo que no entiendo es, cómo es posible que una persona como Gastón Acurio, que declaró. "Ni sé quién es Iván Thays" sea jurado de un conocido concurso literario?"""

Cómo? Dónde quedó el pedido de tolerancia?
Acurio se educó en París-Francia, ¿por qué no se lo puede elegir jurado?
Están diciendo acaso que no ha visto cine, que nunca ha leído cuentos y novelas?

Segundo dijo...

Me parece interesante la opinión del autor de este artículo, hay cosas que yo no sabía de Iván Thays y que gracias al artículo ahora se, bien por eso. Pero lo que si me queda claro, es que la "intolerancia" en esta discusión no esta en un solo lado, está en los dos, y me pregunto ¿no serán mas intolerantes los que piensan que no son intolerantes?

sebastian vivanco cuadros-becquer dijo...

Es cierto, todo lo q has dicho es cierto, pero mas allá de eso has reflejado el gran problema peruano, q creemos q las gastronomía es el Perú,
Nuestra identidad estan flaca, desnutrida y debil, q si mañana algo le pasa a la gastronmia estamos jodidos.

José Acurio dijo...

Hay un nivel pasional en todo esto que los intelectuales no están entendiendo. Si hablasen mal de un amigo suyo, Sr. Faveron, ¿no reaccionaría de una manera indignada, airada?

Resulta que los peruanos somos amigos de nuestra culinaria, amantes de nuestra comida, enamorados del ceviche y demás.

Decir que reemplaza a Vallejo es exagerar, cuando no desviar el tema.

Estamos protegiendo algo que queremos de alguien que habla mal de él. Porque una cosa es opinar y otra rajar. Y lo del señor Thays es un raje a escala internacional. Como que te menten la madre con megáfono.

¿Me dejo entender?

Espero que sí.

José Acurio (sin parentezco con el cocinero)

Jorge Y dijo...

"El escritor Thays podrá haber hecho cosas muy buenas, eso no lo discute nadie, no se le critica por eso. La actitud es la de alguien que se cree más que el ciudadano de a pie que le gusta su chanfainita, como a mí. Que quiera meterse en darme consejos en lo que debo comer o no."
Hijo, Thays nunca te ha dicho que es lo que debes comer, el ha dado su apreciación de lo que A ÉL no le gusta. El no se va a poner a llorar porque nosotros comamos nuestro cevichito con harto limón,harto ají y encima sin camote. La gente se araña la cara por una simple OPINIÓN PERSONAL. El día que llegues a Italia y digas que no te gusta la lasagna nadie te va a insultar, te lo aseguro.