5.5.13

El escritor que no lee

Pedro Suárez Vértiz está pasando por un episodio lamentable en su vida. A mí, que nunca me ha gustado ni me ha llamado la atención su música, él siempre me ha parecido, sin embargo, una buena persona y creo, además, que tiene tanto derecho como cualquier otro artista a buscar todos los vehículos de expresión que desee, incluyendo, por supuesto, los libros.

Y Suárez Vértiz, en efecto, anuncia para la próxima Feria del Libro de Lima el lanzamiento de su primera obra. Sobra decir que no he leído el libro y que por tanto nada puedo opinar sobre él. Si tiene algún parecido con las columnas que publica en la revista Somos, sospecho que tampoco después de que sea publicado tendré cómo opinar, porque probablemente no lo lea.

Lo que sí he leído, un poco a destiempo, son las cosas que ha escrito en su cuenta de Facebook a propósito de su ingreso en el mundo de la escritura:

"Ojalá tengan la paciencia que yo no tengo para leer. Siempre he picoteado los libros porque no puedo mantener la concentración por más de 4 páginas, quizás así lo haga, como un libro para distraídos como yo. No me ha ido mal obteniendo lo esencial de los libros pellizcándolos por partes sin el tedio de leerlos de cabo a rabo. Voy a pensar mucho en la gente como yo para poder brindar un libro cómodo, aportador y sobretodo espontáneo, que creo es lo que todos esperan".

Pedro Suárez Vértiz sin duda va a ser un personaje original en el mundo de los escritores. Porque en ese mundo hay unos que viven de leerse fanáticamente a sí mismos y a sus amigos más próximos, otros que leen sólo a escritores contemporáneos, otros que leen únicamente a los clásicos, otros más que releen mil veces a un puñado de autores queridos y no buscan nunca nada nuevo, otros que leen lo que no les gusta (para destruirlo), otros tantos que leen por mera diversión, unos que leen para sufrir, otros que leen nada más lo que alguien les recomienda, muchos que leen tan sólo lo que anda de moda, pocos que leen exclusivamente libros que hayan pasado de moda, otros que agotan todos los libros de un autor antes de pasar a uno más, algunos que leen diez libros a la vez, omnímodamente, vorazmente, otros que leen lo que se parece a lo que ellos escriben, unos que leen sólo lo que no se parece a ellos en lo más mínimo, varios que leen para copiar y otros que leen para decir que leyeron.

Pero Pedro Suárez Vértiz va a ser el primero que no lee. O que no lee nunca más de cuatro páginas, y que sin embargo cree que, en virtud de no se sabe qué poder mágico, entiende lo esencial de los libros con solo pasar sus manos por encima de ellos y fijar la vista en dos o tres párrafos. Va a ser el primer escritor en decir, como ha dicho, que, en general, leer es tedioso.

Hace poco tuvimos a un alcalde de Trujillo, rector universitario, inaugurando una Feria del Libro con un anuncio semejante: "yo nunca leo libros". Ahora, nos espera una nueva feria en la que el autor estrella parece defender el arte de la no-lectura. Quienes deberían promover la lectura parecen menospreciarla o ser incapaces de entender su importancia. Las instituciones que organizan estos eventos, por su parte, cada cierto tiempo opinan acerca de la muerte del libro en su lucha contra el libro electrónico o contra las tablets o contra los blogs o contra la costumbre de los posts de las redes sociales.

Pero la verdad es que ninguna de esas cosas está matando al libro, y sobre todo, ninguna de esas cosas está matando la lectura (que es un fenómeno mayor y más relevante). La lectura no muere cuando se encuentran nuevos soportes para hacerla llegar al lector: la lectura muere cuando los libros (y sus sucedáneos) no se abren, cuando se dice específicamente que no hace falta leer para triunfar en la vida. Y sobre todo cuando se dice que no hace falta leer ni siquiera para escribir.

JAVIER DIEZ CANSECO, EL DEMONIO Y SU MÉTODO

In memoriam

Una vez, sería por el año 1998, fui a comer con unos amigos al Agua Viva, ese restaurant de monjitas que hay en el Centro de Lima y que ahora Cipriani quiere desaparecer. Íbamos siempre porque estaba cerca de El Comercio, donde trabajábamos, porque se comía bien y porque las monjitas, vestidas con trajes tradicionales de sus países de origen (eran africanas, la mayoría, algunas asiáticas), resultaban realmente encantadoras.

Todo era siempre muy pacífico, un poquito monacal, y por eso fue doblemente insólito el momento, esa tarde, en que una mujer, en una mesa cercana, comenzó a dar de gritos, gritos ahogados, pero gritos, rasguñando el mantel y poniéndose de pie con dificultad. Luego vimos que, detrás de la mujer, estaba Javier Diez Canseco, dándole unos golpes brutales por la espalda.

Alguien se paró para detener al agresor (en la imaginación de buena parte de los limeños, Javier Diez Canseco era el demonio y siempre era el agresor). Antes de que el valeroso voluntario pudiera poner sus manos sobre Diez Canseco, una esquirla de hueso de pollo salió volando por entre los labios de la mujer en dirección a la mesa. Ella se volteó hacia Diez Canseco y, apenas pudo hablar de nuevo, le dio las gracias con efusividad. Al parecer, él no era ningún experto en la maniobra Heimlich, pero se las arregló para salvarle la vida a su compañera de mesa.

Cuando yo era chico, los adultos de mi mundo detestaban a Javier Diez Canseco. Los asustaba, les daba un poco de miedo, a veces bastante. En las últimas dos o tres elecciones legislativas, varias de esas personas votaron por él. No es sólo que ellos crecieron con el tiempo y sus horizontes se abrieron; es que la imagen de él creció dentro de esas personas, más aun cuando lo compararon con esos políticos atrabiliarios e impresentables que se multiplicaron en los últimos veinte años. No era tampoco que de pronto ellos se hubieran vuelto comunistas o radicales: es que se dieron cuenta de que, aunque no les cuadraran mucho los métodos de Diez Canseco, sus intenciones eran las mejores, y eso no era poco.

Yo nunca llegué a votar por Javier Diez Canseco, pero siempre me pareció bien que estuviera en el Congreso y en la esfera pública, incluso en esos tiempos cuando era el demonio encarnado: al lado de los demonios de verdad, que vinieron después, y que resultaron, además, ser unos demonios viles de opereta, quedó claro que Diez Canseco no era más que un simple ser humano, consciente, solidario, coherente, que sentía amor por los más pobres, una de esas personas que faltan en nuestra política y que a partir de hoy faltarán mucho, mucho más.

23.4.13

Llámenme comunista

El primer gobierno que recuerdo, aunque lo recuerdo a pedacitos, imágenes vistas en la tele, filas de generales que parecían porteros de hotel rodeando a otro general que parecía periodista deportivo y frases dichas en quechua al principio y al final de cada noticiario, es el gobierno de Velasco.

Como solía ocurrir con las familias de ese tiempo, con las familias que yo conocía, por lo menos, la mía estaba sobresaltada por algo que tenía que ver con que el gobierno iba a robarnos no sé que tierras (que no teníamos) para dárselas a otras personas que sólo tenían en común con nosotros el hecho de que tampoco tenían tierras, pero que, a difrencia de nosotros, vivían y trabajaban en esas tierras que no tenían, a cambio de lo que todo el mundo (en mi mundo) llamaba "un trato humano", algo que, por algún motivo, parecía no ser suficiente para esas personas. Por cierto, teníamos un par de tíos a los que sí les habían quitado tierras pero ellos, curiosamente, hablaban más de fútbol que de ese otro tema y después montaron una industria y parece que todo bien.

A Velasco le decían comunista y, por supuesto, yo le decía comunista a él y, en general, a toda la gente que me caía mal, que era medio mundo. Algo así como lo que hace Aldo Mariátegui sólo que yo tenía seis o siete años y tengo la excusa, por lo tanto de haber sido un niño y no un adulto infantil (toma, mientras). El asunto cambió con el gobierno siguiente, que fue una cosa menos abstracta para mí, más entendible, primero que todo porque ya no era tan chico (tenía ocho años cuando comenzó), y también porque tenía un vecino de mi edad que me llevaba a ver jugar tenis a su abuelito y resulta que el abuelito era el general Morales Bermúdez, presidente de la República, contra quien jugué una vez una partida de dobles. (Gané: fue el único partido de tenis de mi vida: 1-0).

Cuando pasé a secundaria, vinieron las elecciones para la Asamblea Constituyente (Morales Bermúdez resultó ser un general golpista del sector de los golpistas demócratas) y durante esa campaña apareció un elenco interminable de individuos de los que yo jamás había escuchado hablar, excepto por Luis Alberto Sánchez, Luis Bedoya Reyes y Víctor Raúl Haya de la Torre (¡miércoles, acabo de recordar que mi abuelita era aprista!), pero que todos los adultos parecían conocer de toda la vida. Entre ellos, una vez más, estaban los malditos comunistas.

En secundaria la cosa no cambió mucho: jugábamos a la guerra (colegio de hombres) y los malos eran los comunistas, como en las películas de la Guerra Fría, pero los buenos eran los alemanes, lo que implica no sólo un anacronismo, sino también la comprobación de que los niños tienen en general un sistema de valores bien hasta las patas. Cuando jugábamos fútbol, los malos eran la Unión Soviética, obviamente, y los buenos, otra vez, los alemanes, pero ahí sí la cosa tenía más sentido.

El gran cambio (no es ironía) vino en la universidad, un mundo extraño donde a los comunistas uno los llamaba comunistas en sus caras peladas y no se ofendían los desgraciados. Para hacer las cosas todavía peores, me hice amigo de varios. Para hacer las cosas peores, conservo la amistad de todos. Cuando entré a la Católica todavía era pepecista (el Tucán era divertido, ésa era la razón más consistente) pero ya para cuando salí alguna bacteria extraña me había intoxicado y noté, como quien se encuentra un bulto en la nuca, que me estaba volviendo de izquierda.

Por supuesto, nunca he sido comunista, excepto en mi sentido libre personal de la palabra comunista, que yo hago derivar no de comuna sino de sentido común. Imagino que eso es lo que Aldo Mariátegui, cuando está creativo y no quiere usar el término comunista, llama ser un caviar: alguien que se descubre de pronto a la izquierda por tres razones: (1) por sentido común; (2) porque la mayor parte de los demás se han corrido en masa hacia la derecha; y (3) porque, maldita sea, parece que ahora hay que ser de izquierda para tener un mínimo de solidaridad y cariño por el prójimo.


Porque -díganme si no es verdad- es puro sentido común pensar que un país construido sobre la base de un imperio despótico, belicoso, usurpador y esclavista, como fue el imperio incaico, y después sobre la base de otro imperio despótico, belicoso, usurpador y esclavista, como lo fue el imperio español, y construido además sobre la base de un periodo colonial inhumano y criminal y sobre la herencia que ese periodo dejó en la república, un país en que, todavía en el siglo veinte, se sujetaba a los indígenas en la selva, con gruesas cadenas enmarañadas al cuello y al pecho, para que trabajaran en la explotación de los recursos naturales que otros encontraban en los lugares donde ellos vivían, un país donde, hoy, en el siglo veintiuno, se sigue considerando que los habitantes de un lugar no tienen derecho a opinar acerca de cómo el gobierno vende, regala, da en concesión o reparte caprichosamente las tierras que han sido de ellos durante siglos, díganme, repito, si no es puro sentido común pensar que ya hace rato ha llegado la hora de que seamos solidarios con esa gente, los tratemos en verdad como iguales a los demás, invirtamos el dinero del Estado en garantizar que tengan en la realidad las cosas que la Constitución les garantiza sobre el papel, en fin, que todos los peruanos seamos peruanos de la misma manera.

Y si para ser considerado caviar o ser considerado, incluso, un comunista, basta, en el Perú de hoy, con pensar que todos deben tener los mismos accesos y las mismas posibilidades que yo, los mismos derechos, las mismas libertades, las mismas obligaciones, entonces no hay problema, llámenme así o llámenme como quieran. Porque yo sé que mi posición es la correcta: es moralmente correcta, que es algo más importante que ser correcta como posición política: de hecho, ni siquiera hay que asumir una misma posición política para creer que es lo correcto, moralmente. Sólo hay dos requisitos para asumir esa verdad: hay que tener sentido común y hay que tener el corazón en el lado correcto del pecho. Es fácil: hay que dejarse de vivir como una mónada y hay que dejarse de ser hipócritas y egoístas.

15.4.13

¡Asu mare!

En diciembre, Jonathan Franzen estuvo en la FIL de Guadalajara. J.M. Coetzee está en Colombia para un seminario de tres días y allí permanecerá para la FIL Bogotá, adonde también acudirá Cees Nooteboom, quien inmediatamente después aparecerá en la FIL de Buenos Aires. Alberto Manguel y Tzvetan Todorov estuvieron en la útima FIL de Santiago. Ian McEwan y J.M.G. Le Clézio fueron dos de los muchos invitados al último Festival Literario de Paraty, en Brasil.

En el Perú, la Cámara Peruana del Libro, presidida por el dueño de la misma librería que hace poco ofreció descuentos en libros de autoayuda y novelas de amor por el día de la mujer, anuncia quién será la estrella de la FIL Lima 2013. Se trata de Pedrito Suárez Vértiz. Pero no desesperen: estoy seguro de que tienen alguna otra estrella guardada bajo la manga. Probablemente un cocinero. Hoy que el decano de la prensa nacional saluda en su editorial el resurgimiento del cine peruano gracias al éxito de ¡Asu mare!, la cultura peruana tiene, obviamente, muchas razones para celebrar.

11.4.13

Sobre la posible candidatura de Nadine Heredia

Durante la dictadura de Fujimori se aprobó la ley que prohibe al cónyuge de un presidente ser, a su vez, candidato presidencial. Fujimori no hizo esa ley guiado por un afán principista, para luchar contra el nepotismo, ni nada semejante. La hizo para impedir que su esposa fuera candidata presidencial, en un momento en que Susana Higuchi, ya conocidas las torturas de las que había sido víctima, parecía una amenaza política contra el fujimorismo. Fue una ley hecha para perennizar a alguien en el poder, no para impedir que un grupo se perennizara en él. Es además una ley estúpida y prepotente, que sin motivo alguno le quita a una persona en particular un derecho que, al menos sobre el papel, tienen todos los peruanos que cumplan un par de simples requisitos. Ahora resulta que los fujimoristas y los apristas, es decir, los miembros de las dos mafias políticas más criminales del país, afirman que una posible candidatura de Nadine Heredia sería inmoral, poco ética, etc. Dejemos de lado lo obvio: inmoral y poco ético es dedicarse al narcotráfico desde el poder, asesinar en masa y robar sistemáticamente, cosas todas ellas en las que apristas y fujimoristas son expertos. El hecho es que la candidatura de Nadine no sería ni inmoral ni poco ética: sería, sí, tal como están las cosas, ilegal, pero sólo en la medida en que esa ley idiota siga en vigencia. Se me ocurre una cosa que sí es inmoral, poco ética y además escandalosamente vergonzosa: exigir la persistencia de una ley que no hace sino robarle a un individuo un derecho que todos debemos tener, y hacerlo precisamente porque ese individuo es más popular, más querido y más esperanzador que los líderes del APRA y de la jungla fujimorista: la momia de Alan García y ese par de vampiros familiares que son Kenji y Keiko Fujimori. Yo no sé si votaría por Nadine Heredia, pero me resulta inaceptable que, por puro oportunismo, se forme una especie de consenso acerca de la ilegitimidad de su actuación política. Recuerden quiénes son hasta ahora los posibles candidatos y de inmediato se darán cuenta de que la inmensa mayoría son como recuerdos de pesadillas pasadas. Prefiero cambiar una ley que volver por enésima vez al pasado. Es verdad que debería haber sido cambiada antes, antes de que adquiriera un nuevo nombre propio, antes de que pasara de ser la ley anti-Higuchi a ser la ley anti-Nadine, pero igual es mejor derogarla ahora que no derogarla nunca. [Y, hablando de eso, ¿ya se olvidaron de que la ley de revocatoria debería desaparecer? ¿Vamos a esperar a estar otra vez contra las cuerdas para recordarlo?].



19.3.13

¿Y a usted, quién la viste?

Un montón de gente con la que hablé, conocidos o simplemente personas que me encontré por ahí (taxistas, por ejemplo) me dijeron que iban a votar contra Villarán porque era floja, vaga, incapaz de aplicarse al trabajo y que no había hecho absolutamente nada por Lima en sus dos primeros años de gobierno municipal.

Les respondí, siempre, que eso no era verdad, que la alcaldesa Villarán había hecho una serie de cosas, pero que antes de hacerlas había tenido que poner en orden la cueva de ladrones que era la Municipalidad de Lima a la salida de Luis Castañeda. También les dije que el argumento era estadísticamente falso y que ya varios habían probado que el volumen de obras públicas de Villarán en sus primeros dos años era perfectamente comparable con el de sus antecesores y en varios casos superior.

Entonces, invariablemente, vino la réplica, la misma réplica en todos los casos: "Bueno, eso puede ser cierto, pero no lo ha sabido comunicar".

El argumento coincide con la forma en que juzgan a Villarán muchos que han votado en favor de ella, desde la izquierda y en los niveles socioeconómicos altos. Se dice que ha hecho tantas cosas como cualquier otro alcalde pero "ha sido torpe en las formas", "mete la pata en los detalles", "no se ha sabido vender", "tiene pésimos asesores de imagen", "no les saca el jugo a sus obras".

Tal parece que hemos estado a punto de expulsar de su cargo como alcaldesa de Lima a Susana Villarán porque "no ha sabido decirnos" algo que ya la mayoría de nosotros sabemos. Como si las elecciones fueran un programa de concurso y nuestra función fuera expulsar del juego a los que no nos canten la canción como queremos escucharla.

Hemos llegado a un extremo de banalidad alucinante. No nos importan las obras de los servidores públicos sino su envoltorio. No nos interesan los discursos políticos sino los comerciales de televisión y los videos virales y los memes que han reemplazado a esos discursos. Nos importa un pepino saber quién es el ideólogo de un partido pero nos interesa mucho saber quién es su publicista. El elector peruano es como uno de esos reporteros de la alfombra roja en la entrega del Oscar, que no les preguntan a las actrices por su trabajo pero sí les preguntan qué diseñador les hizo el vestido.

Aunque no llegamos a sacar de su cargo a Villarán, sí la hemos convertido en una alcaldesa sin mayoría propia y quizás sin siquiera concejales que estén de su lado. Es el resultado nada trivial de un proceso electoral enteramente trivial.

12.3.13

El próximo papa

Unos dicen que el próximo papa será Scola, otros dicen que Schonborn, otros que Bertone y otros dicen que Scherer. Yo que nunca me equiveco he venido esta tarde a decirles quién será el próximo papa. El próximo papa será un ancianito con delirios de grandeza que ha aspirado toda su vida a declararse vocero personal de Dios ante el universo, se vestirá como una drag queen renacentista, se pondrá en la cabeza unos cucuruchos dorados que lo conecten con la divinidad, recorrerá el planeta en una especie de ómnibus para un solo pasajero que es lo más parecido que se ha visto a un ovni con su propio extraterrestre adentro, hablará en lenguas diariamente, tendrá un mayordomo con pinta de neonazi sadomasoco, dedicará el resto de su vida a encubrir a otros viejitos que a su vez dedicarán el resto de sus vidas a encubrir a miles de pederastas asolapados, un día se preguntará cuántos millones de niños pobres podrían comer decentemente si la Iglesia les donara sus tesoros pero de inmediato se despertará de ese mal sueño para vestirse con una sotana de quince mil dólares, se pondrá sus zapatos de terciopelo escarlata para ir a una plaza romana a insultar a los gays, se preguntará por qué cualquier huevada que le pase por la mente en materia de doctrina es ineluctablemente verdadera y cómo se reconcilia eso con los cincuenta años que lleva como parte de una gran mafia mundial, y nunca le pasará por la cabeza la ironía de que los antiguos romanos hayan colgado a Cristo de una cruz y los romanos contemporáneos lo cuelguen en la puerta de un banco dedicado al lavado de dólares del narcotráfico, de la mafia italiana, del fascismo, etc. Les apuesto lo que quieran a que ese patita va a ser el próximo papa.

11.3.13

No estamos obligados a ser cómplices

De muchas maneras los peruanos hemos permitido que el país caiga en manos de criminales. Más de una vez hemos puesto delincuentes en el poder, les hemos dado la presidencia de la república y asientos en el Congreso, en asambleas constituyentes, en ministerios, en el mando de institutos armados.

Hemos visto crecer la criminalidad y hemos permitido que se multipliquen los delincuentes entre los policías destinados a perseguir el delito, entre los jueces destinados a castigarlo, entre los periodistas que deberían denunciarlo. Hemos premiado la reincidencia en el crimen con más y más poder para los criminales, hemos pedido la liberación de homicidas y rateros y hemos mirado hacia otra parte cuando los han dejado salir.

Es cada vez más larga la lista de los politicos peruanos de quienes se sabe fehacientemente que son corruptos y a quienes, sin embargo, se considera exitosos: si alguna vez la corrupción pasó de ser un defecto a ser un minúsculo gaje del oficio, ahora los peruanos parecemos creer que ser corrupto es un deber de todo personaje público: nuestras nóminas de candidatos parecen bandas callejeras, sólo reelegimos en el cargo a los que robaron lo suficiente para montar su siguiente campaña.

Luego nos sorprendemos de tener una sociedad insegura, violenta, donde la delincuencia se multiplica ante la mirada de todos. Nos parece una injusticia del destino que no se pueda salir del banco sin temer un atraco, entrar en una notaría sin temer un asalto, mandar a un niño al colegio sin temer un secuestro. ¿Por qué nos pasa esto a nosotros, que nunca hemos transado con el delito y nunca hemos justificado un crimen?

No tenemos ni la menor idea. De hecho, estamos convencidos de que nuestras decisiones políticas nada tienen que ver con la profusión de nuestra delincuencia. Hemos creado una clase política cuyo circuito natural va del Congreso y la Plaza de Armas a Lurigancho y Barbadillo; creemos que esa clase política es la que debe vigilar la paz de la república y no somos capaces de darnos cuenta de la contradicción que hay entre esas dos ideas.


Y ahora estamos decididos a pervertir incluso más nuestra democracia: vamos a legitimar el truco, la trampa y el descaro de la criollada siguiéndole el juego a esa masa de vendedores de sebo de culebra que impulsa la revocación de la alcaldesa de Lima. Queremos creer que expulsamos a Villarán porque no trabajó lo suficiente o porque su gente no supo informar sobre sus obras o porque uno o dos proyectos fueron manejados menos que idealmente.

Eso es mentira. Los que quieren sacar a Villarán, los que activamente promueven la revocatoria, lo hacen porque Villarán es un elemento extraño en la esfera política peruana: una autoridad electa de quien no se conoce antecedente alguno de corrupción y que no parece dispuesta a acumular un prontuario policial, porque no se presta al pacto del otorongo que no come otorongo: quieren sacar a Villarán porque es un obstáculo entre ellos y el botín más veces repartido de nuestra historia, que es el tesoro público, mucho más ahora que el dinero es mucho, las licitaciones se multiplican y los ceros se acumulan.


¿Qué cosa están dispuestos a hacer para retomar su conexión con el botín que se les fue de las manos? Burlarse de la voluntad popular recurriendo a un mecanismo que nunca debió ponerse a su disposición. Más limeños quieren hoy que Susana Villarán sea alcaldesa de Lima que el día en que fue electa. Villarán está a punto de convertirse en la primera figura central de la política peruana que pierde su cargo antes de tiempo "democráticamente" tras ser electa para ese cargo democráticamente. Y nuestra democracia se va a quedar para siempre en el limbo de esas comillas: no será más que una "democracia".

Por supuesto, quienes voten por revocar a la alcaldesa pueden lavarse las manos y la conciencia diciendo que lo hacen en nombre de la eficacia administrativa. Pero no es verdad. Sabemos que Villarán ha hecho en dos años más de lo que el alcalde Castañeda hizo en ese mismo tiempo al inicio de su primer periodo. También sabemos cuál es la verdadera diferencia entre Castañeda y Villarán, y sabemos que no es una diferencia ejecutiva sino una diferencia moral. Sólo falta decir claramente si nos importan las diferencias morales o no.

Pero háganme un favor: si nos empeñamos en expulsar del poder a los que están del lado de la justicia, no nos sorprendamos el día en que quedemos completamente cercados por criminales. Nadie nos llevó a la fuerza hacia ese callejón: el callejón lo fuimos construyendo nosotros, piedra por piedra.

8.3.13

20% de descuento en el día de la mujer

Fue el día de la mujer y los administradores de la cadena de librerías Crisol descubrieron que la mejor manera de marcar la fecha en el calendario era poner en oferta, para todas sus clientes, con un 20% de descuento, las novelitas rosa y los libros de autoayuda.

Yo estuve, por supuesto, entre quienes criticaron la tontería simbólica del mensaje, el hecho de que Crisol ofertara para las mujeres los más banales de sus libros y no los mejores. La librería pudo hacer muchas otras cosas; entre ellas, como me comentó una amiga, hacer el descuento para todos sus libros a cualquier compradora mujer, y la cosa hubiera pasado sin problema.

Obviamente, hay una cantidad significativa de mujeres que se sintieron ofendidas por la celebración comercial de Crisol, por el hecho de que la librería conmemorara el día de la mujer pensando en la ella exclusivamente de dos maneras: la mujer como lectora trivial y la mujer como cliente potencial.

La mayor parte de las protestas se dirigieron al primer rasgo: el estereotipo de la mujer como lectora de banalidades. No sé si es muy seguro (para mi salud física y mental) decir lo que voy a decir, pero cabe hacer una precisión: Crisol no es una empresa a la deriva, sin instinto comercial, que se deje llevar por lugares comunes en desmedro del negocio. Todo lo contrario: Crisol vio la oportunidad de vender a un segmento de sus clientes un producto que ese segmento consume numerosamente.

Es decir, Crisol no ha inventado una engañosa realidad paralela en el que las novelas de amor y las novelas de erotismo blando y los romances burgueses y toda la llamada chick-lit son consumidos mayoritariamente por mujeres: Crisol quiso aprovecharse de ese dato, que es un dato real, manejado por editoriales, distribuidoras y librerías en todo el planeta.

La mayor parte de esa literatura es, desde su origen, escrita, publicada y promovida para lectoras mujeres, y eso no es una novedad de nuestro tiempo, sino la prolongación de un dato real en la historia de buena parte de la literatura desde hace siglos. Del mismo modo, un porcentaje gigantesco de los libros de autoayuda que se escriben y publican en el mundo es hecho específicamente para lectoras mujeres, así como otro porcentaje es hecho para hombres, o para adolescentes, o para padres y madres primerizos, etc.

El hecho problemático con una campaña como la de Crisol no es que quiera inventar un estereotipo ni que crea ciegamente en un estereotipo falso, sino que no tiene ningún empacho en promover entre las mujeres la lectura de cierto tipo de libro fatuo, mediante ofertas especiales lanzadas en una fecha crucial para la mujer, como si la afición de muchas mujeres por esos libros mereciera un premio que no merecen las mujeres que consumen otro tipo de literatura.

Y ese es un punto que vale la pena subrayar. No puedo hablar por campos fuera de la literatura, pero dentro del terreno de la literatura, por siglos, las mujeres con acceso a cierto tipo de educación han sido el público mayoritario: las lectoras de novelas de caballerías, las lectoras que hablaban lenguas romances pero no latín y cuya existencia propició innumerables traducciones al final de la Edad Media y principios del Renacimiento, las mismas que permitieron el florecimiento de las literaturas europeas en lenguas vernáculas, las lectoras de literatura cortesana, que se convirtieron luego en las lectoras del Quijote, las lectoras de novelas románticas, las lectoras de la poesía modernista en el mundo hispano, las lectoras de Victor Hugo, las lectoras de Madame Bovary, las lectoras de Oscar Wilde.

Un dato curioso: el libro de bolsillo tal como lo conocemos hoy, es popular sobre todo desde el siglo dieciséis en Europa, y su popularidad original se debió a que la masa de lectoras mujeres, que no leían en gabinetes ni en bibliotecas ni en salas de universidades, sino en casa o en el camino a la iglesia o en cualquier ambiente que les fuera ocasionalmente propicio, no podían manejar los grandes y pesados volúmenes que los hombres almacenaban en sus estanterías, porque las mujeres leían muchísimo, pero no tenían espacios reservados para la lectura.

Hace unos años, un estudio en Estados Unidos, Inglaterra y Canada determinó que sólo el 20% de los lectores de ficción eran hombres, y el 80% eran mujeres. Es muy posible que la proporción sea similar en el resto del mundo. Hace unos diez años, Ian McEwan, el novelista inglés, se paró en una calle a regalar ejemplares de novelas. Regaló treinta, a quienes se acercaron a recibirlos. Casi todas esas personas fueron mujeres. McEwan escribió en ese tiempo que el día que las mujeres dejaran de leer novelas el género desaparecería. Escritores y lectores hombres, como yo, haríamos bien en comprender que, en cuanto a la literatura respecta, somos apenas invitados minoritarios en un universo de consumo femenino.

La miopía de Crisol, y de gran parte de la industria del libro, a decir verdad, no es la de creer que las mujeres no son las lectoras mayoritarias de novelitas de amor y libros de autoayuda (lamentablemente sí lo son, así como los hombres son los consumidores mayoritarios de pornografía o del estúpido género de la literatura conspiracional). Su miopía es no darse cuenta de que la mujer, que ya fue un motor indispensable a lo largo de toda la historia de la industria librera, puede seguir siéndolo sin necesidad de condescendencias ni menosprecios: una cosa que las editoriales y las librerías deberían hacer para asegurarlo es, en vez de premiar la banalidad de unas, animar a todas a leer más aun, cruzando las fronteras genéricas en vez de encasillarlas en espacios confinados. De paso, así se evitarían el odio y la ira de sus clientes más lúcidas.


10.12.12

¡Ay, Cipriani!

Las Trabajadoras Misioneras de la Inmaculada Concepción son parte de la Familia Misionera Donum Dei, fundada por el padre Marcel Rouseel Galle (1910-1984). Ellas sostienen una serie de obras humanitarias alrededor del mundo, incluyendo orfelinatos en países asiáticos y africanos.

Los limeños que alguna vez hayan acudido al restaurant Agua Viva, L'Eau Vive, en el jirón Ucayali del centro de Lima, recordarán a algunas de ellas: mujeres de diversos países, sobre todo de países pobres, ataviadas con la ropa de sus lugares de origen, que sirven platos simples en un local muy bello pero exento de lujos, con una sonrisa permanente en los labios y que por la noche entonan himnos católicos a los que invitan a unirse a los concurrentes.

El lugar donde funciona el restaurant le pertenece a la Iglesia Católica. Cuando ellas lo tomaron estaba envejecido y ellas mismas lo refaccionaron. Tradicionalmente, en vista de que los fondos recaudados por el restaurant sirven para obras de beneficencia, el precio de ese alquiler ha sido módico y los precios de los platos se mantienen bajos porque, por las mismas razones, las autoridades peruanas exceptúan a las Trabajadoras Misioneras de la Immaculada Concepción de ciertos impuestos (obviamente, están registradas en el Perú como una asociación religiosa, no como una entidad con fines de lucro).

Pero ahora se les ha cruzado en el camino el mismo monstruito habitual que atenta contra todo aquello que tenga de bueno la Iglesia Católica en el Perú: el cardenal Juan Luis Cipriani, que les ha colocado, unilateralmente, sin aviso previo, la exigencia de pagar 10 mil soles mensuales de alquiler (según unas versiones; según otras son 10 mil dólares).

No falta el abogado del diablo (que defiende obviamente a Cipriani) que justifica esa medida sosteniendo que el Agua Viva es un restaurant para ricos. Vayan ustedes a entender cuál es la lógica de eso: no es que la obra de caridad sirva a los clientes del restaurant: es que lo recaudado va para gente que lo necesita realmente.

Yo por mi parte debo decir que en los tiempos en que era un simple redactor de El Comercio almorzaba allí, con mi sueldo de principiante, dos o tres veces por semana, y que conmigo iban incluso practicantes: los menús del día del Agua Viva no eran cosa de ricos y, hasta donde tengo entendido, no lo son ahora tampoco.

Si alguien me explica cuál es la lógica de que un jefe de la Iglesia amenace con desalojar de un predio de la institución a una asociación misionera que sin la menor duda ha demostrado un amor por el prójimo y una vocación de servicio que él mismo jamás ha tenido, juro que haré un intento por comprender.

9.12.12

Humanismo selectivo

Trato de imaginarme cuál es el proceso mental. Debe de ser más o menos así:
"Me pasé diez días expresando mi indignación por la situación de Gaza. Ahora ya leí varias veces que hay una situación inmensamente peor en Siria pero la verdad es que no me conmueve en lo más mínimo, no me importa y no escribiré una sílaba sobre el tema. Además, si lo hiciera, ¿qué diría? No le puedo echar la culpa a los americanos, ni a los judíos americanos, ni a los judíos en general, ni a Israel en particular, ni a ninguna potencia europea, ni a la OTAN, ni a la derecha. De hecho, el asesino es un dictador árabe y encima es del Partido Socialista. Nah. Mejor me quedo callado hasta la próxima vez en que Hamas bombardee a Israel y a Israel se le ocurra responder. Y ahí sí salto como un resorte. Porque yo tengo principios. Ah, y también he visto todas estas fotos de cientos de miles de palestinos celebrando a los líderes terroristas de Hamas, con sus niños disfrazados de terroristas con bombas y ametralladoras de juguete y bebes de pecho con lemas fundamentalistas en la frente, pero también sobre eso me voy a hacer el loco. ¿Total? Ya en otro momento tendré la oportunidad de parecer indignado sin tener que cuestionarme nada. Uff, qué difícil esta vida de defensor de los derechos humanos. Estoy en la primera línea de la vanguardia progresista".
Algo así debe de ser.

26.11.12

Poniatowska, Bryce y la ética del escritor

A Elena Poniatowska le tocan el tema de Alfredo Bryce y el Premio FIL de Guadalajara 2012 que el escritor peruano, como se sabe, ha recibido a domicilio en medio de un escándalo, y ella se alinea con quienes piensan que es vergonzoso y fuera de lugar que Bryce acepte el premio y considera todo el asunto un problema de falta de ética.

Hasta ahí, no hay problema (yo también creo que Bryce debió rechazar el premio). Lo extraño de la situación es que todo esto lo ha dicho Poniatowska en una mesa de la FIL Guadalajara 2012, a la que ella acudió para recibir un homenaje por sus ochenta años, cuando sólo cuatro meses atrás Poniatowska estuvo implicada en un asunto donde quien pareció barrer toda ética profesional debajo de la alfombra fue ella misma.

A mediados de este año Random House publicó el libro Borges y México, editado por Miguel Capistrán sobre una versión previa de 1999, donde se incluía una entrevista hecha por Poniatowska a Borges en el año 1973, ya publicada antes, varias veces, en diarios, en revistas y en otros libros, durante las décadas de los años setenta, ochenta y noventa.

En un pasaje de esa entrevista, Poniatowska le lee a Borges dos poemas del escritor argentino, titulados "Instantes" y "Remordimiento", y anota las reacciones del escritor al escuchar sus propios versos en la voz de la mexicana. El detalle es que el poema "Instantes" no es de Borges y el poema "Remordimiento" no pudo haber sido leído durante esa entrevista porque Borges lo escribió recién en 1975.

El otro detalle es que, según se dice, el mismo Borges le hizo saber en 1978 a Poniatowska, luego de la primera publicación de la entrevista con el pasaje apócrifo, que ese poema no era suyo, y que a lo largo de los años siguientes, y de modo específico en 1990 (tras una republicación de la entrevista en un libro), María Kodama, la viuda de Borges, hizo pública su molestia por el hecho de que Elena Poniatowska insistiera en atribuir al argentino un poema terriblemente malo que él nunca compuso y cuyo carácter espurio ha sido demostrado innumerables veces.

(Que "Instantes" es un poema apócrifo es un hecho conocido desde hace tanto tiempo que yo mismo recuerdo el día en que mi amigo Daniel Salas, hace más de veinte años, me contó que el texto original, en prosa, lo había visto él mismo en un ejemplar antiguo de Selecciones, de donde a su vez lo tomó luego una escritora, Nadine Stair, que lo convirtió en el adefesio que hoy conocemos. Si quieren hacerse una idea del ridículo, consideren este hecho: cuando fue publicado en Selecciones, originalmente, en prosa, escrito por Don Herold, era un texto de humor satírico).

¿Recuerdan las primeras reacciones de Bryce ante las acusaciones de plagio? Dijo que podían ser consecuencia de un simple "error" y les echó la culpa a las secretarias y a los editores. En agosto de este año, Poniatowska culpó a los editores de Borges y México por no asegurarse de que el simple "error", el simple "descuido" que ella había cometido en el pasado fuera subsanado en esta reedición. Y sobre el "error" original dijo: "No es grave, ni me acuerdo".

Recapitulemos: Poniatowska incluye en la entrevista una escena en la que ella misma le lee a Borges un poema que no es suyo y un poema que no estaba escrito aún en 1973 y además describe las reacciones de Borges ante los textos: un episodio enteramente salido de su imaginación que es presentado como un hecho en un texto periodístico. Cuando le repreguntaron sobre el tema, ya revelada la falsedad, dijo que, aunque ella no lo recordaba, seguramente en la entrevista se decía que el texto era apócrifo. Eso también es falso. Luego dijo que había fundido dos entrevistas en una y que la segunda era posterior a 1975, pero lo único que ha podido confirmarse es que en 1975 ella habló con Borges en una conferencia de prensa y ningún otro reporte de la conferencia indica que haya habido la lectura de poema alguno.

Sólo para colocar todo esto en perspectiva, habrá que recordar que la fama de Poniatowska se ha cimentado crucialmente sobre libros hechos en base a entrevistas, presentados como crónicas, con un espíritu documental, que ciertamente van mucho más allá de los límites de la siempre huidiza objetividad periodística, pero que son presentados como cosa real, no como productos de la ficción.

Yo no sé ustedes, pero a mí me parece difícil confiar en la realidad de esas entrevistas hechas con frecuencia a personas casi anónimas, gente de a pie, testigos callejeros de hechos históricos (como la masacre de Tlatelolco), protagonistas sin agencia, víctimas, desconocidos, cuando vemos que Poniatowska deja volar su imaginación de esta manera incluso con alguien a quien fácilmente podemos considerar el entrevistado más célebre de la literatura hispana en el último siglo.

Eso, para no hablar del dudoso gusto literario de alguien que, teniendo a Borges en frente, o soñando con la posibilidad de leerle al mismo Borges un poema, elija un mamarracho atroz como el célebre "Instantes", como si ese poema fuera un buen ejemplo, un ejemplo conmovedor o inteligente, de la obra del mayor escritor de lengua española en nuestro tiempo.

En fin: como que Poniatowska podría haberse quedado callada, o podría haber tenido, no sólo ahora sino durante los últimos treinta y tantos años en que el artículo ha sido reproducido infinitamente, una actitud un poco más transparente. Eso de hablar de la ética ajena debería traer ciertas resposabilidades.

24.11.12

Los niños invisibles

Entre los muertos del último conflicto palestino-israelí, siete fueron palestinos asesinados por su propio gobierno por tener contacto con israelíes. Los capturaron una tarde, los mataron a balazos, los amarraron a motocicletas y los arrastraron por las calles de Gaza. ¿Humanitaristas que hayan protestado por ellos? No muchos. Ese tipo de ceguera parcial es el que hace que los indignados ante el problema palestino elijan conscientemente no mirar en otras direcciones. Por eso, por ejemplo, no profundizan en el tema de los niños usados como escudos humanos por Hamas. Por el contrario, cada vez que uno de esos niños muere, acusan a Israel y no al salvaje que los colocó en una plataforma lanzacohetes. Con ello asumen exactamente la actitud que los abusadores de esos niños quieren que asuman: simples cajas de resonancia de una forma de terrorismo que sacrifica a sus propios hijos a cambio de propaganda, así como hace apenas unos años los mandaban a explotar con cargas de dinamita atadas al vientre. En efecto, el humanitarismo selectivo no sólo es incoherente, sino que le hace el juego a los engranajes de la violencia. La única manera de defender los derechos humanos es defender los derechos de todos los seres humanos. Un soldado israelí que ve a un niño árabe lanzando una piedra contra un tanque y lo mata es un criminal. Un palestino que hace a sus niños dormir al pie de un cañón humeante esperando que la respuesta del enemigo mate a sus hijos también es un criminal. No es necesario embarrarse tapando la mitad del mal para que quede a la vista sólo la mitad que uno quiere ver.

23.11.12

Humanitarismo selectivo

18.11.12

No tienes derecho a decir nada

Una vez escribí algo sobre las teorías conspirativas relacionadas con la llegada del hombre a la luna y un comentarista -no poco paranoide por lo demás- me dijo que yo no tenía derecho a escribir sobre el tema porque yo no había estado ahí cuando (no) ocurrió.

Cada vez que escribo sobre política peruana se me saca en cara que llevo la cuarta parte de mi vida viviendo fuera del Perú (parece que las otras tres décadas no me dan autoridad para nada).

Pero esa es sólo la versión ampliada de lo que ya me ocurría cuando vivía en el Perú y opinaba sobre la situación en el interior del país: ¿cómo vas a hablar si no sabes de eso, limeño? (En verdad soy chalaco).

Ahora que recuerdo: me han callado muchas veces en que opiné sobre San Marcos. ¿El argumento? Que estudié en la Católica (estigma horroroso).

Cuando escribo sobre las relaciones entre Estados Unidos y América Latina me dicen que no puedo hacerlo con objetividad porque soy un latinoamericano que vive en Estados Unidos. (¿No es eso algo que me da más conocimiento de causa? Ya no sé).

Las veces en que escribí exclusivamene sobre política americana (incluso sobre literatura americana) no faltó quien dijera que no podía hacerlo bien porque era un extranjero en Norteamérica.

Una vez comenté un libro de Harry Mulisch que yo había leído en inglés y alguien me mandó a rodar porque, claro, los libros de Mulisch originalmente están en holandés, así que yo no tenía elementos de juicio para criticar.

(Por algún motivo, eso me hace recordar al tipo que estudió literatura conmigo en la PUCP, y que orgullosamente declaraba que no leería a los griegos y los latinos hasta que no dominara el griego y el latín. Un cuarto de siglo más tarde, intuyo que la ignorancia de esas lenguas sigue cimentando su ignorancia de los clásicos).

Cuando escribo sobre educación me dicen que no debo meterme en el tema porque no he estudiado educación (a pesar de que soy profesor desde hace veintiséis años). Pero, con frecuencia, cuando escribo sobre literatura me dicen que mi opinión es "poco realista" porque me he pasado toda la vida en la academia.

En general, cuando opino sobre un tema que está fuera de mi profesión y de mis oficios, se me ordena abandonar la discusión porque no estoy preparado (así he sido invitado a presenciar en silencio discusiones sobre fotografía, sobre películas, sobre grupos de rock, sobre cocina criolla y sobre la reforma del tránsito en Lima. Ayer nomás alguien me pidió que no expresara mi reprobación de las corridas de toros porque "no tenía la capacidad de comprenderlas").

Pero cuando hablo de mi campo se me señala inmediatamente como un elitista arrogante que cree que haber pasado una vida entera estudiando el asunto le da alguna autoridad en él, y se me invita a someterme a algo así como el clamor popular y aceptar que, sobre ese asunto que llevo estudiando desde la adolescencia, "no han escrito los autores" (aunque yo mismo haya escrito sobre él; aunque haya escrito sobre él hace cinco minutos; aunque haya leído lo que otros han escrito sobre él durante miles de años).

Ayer mismo (ayer estuve premiado, parece) alguien cuestionó mis juicios sobre el conflicto palestino-israelí con una pregunta que, al parecer, mi interlocutor consideró brillante: ¿no será que tu relación con el judaísmo te hace ser poco objetivo?

El asunto es este: en toda discusión existirá una manera de poner en duda las ideas de una persona basándose en quién es esa persona. Pero la verdad o la falsedad de las cosas que esa persona diga no dependen de quién es esa persona, ni de dónde vive, ni de cuál es su origen, ni cuál es su edad, ni cuál es su lengua, ni cuán cerca o cuán lejos está del objeto sobre el cual habla, ni de si ha sido testigo o no del hecho al que se refiere. Si yo no encuentro la falsedad en las palabras, no tengo por qué buscarla en quien dice las palabras.

(Por supuesto, no estoy proponiendo que todos debamos privarnos del placer de señalar al mentiroso, al hipócrita o al que opina desde la ignorancia a pesar de tener las herramientas para salir de ella. Esas cosas siempre hay que hacerlas notar. Pero no son el argumento del que depende la verdad).

16.11.12

1939-1947

De Auschwitz a un campo de concentración inglés.
Se llama "aliyah" a la migración judía de cualquier parte del mundo en dirección a Eretz Israel. Ha habido innumerables aliyahs a lo largo de la historia (una que toca al mundo hispano es la aliyah de los judíos expulsados de la Península Ibérica tras siglos de vivir ahí pacíficamente).

La primera gran aliyah de la era moderna se produjo a partir de la década de 1880, a consecuencia de los pogromos de Europa oriental: la masiva persecución de judíos en los países del Este europeo, una masacre genocida guiada por el antisemitismo y la xenofobia contra judíos que llevaban un milenio en esas tierras.

La segunda se dio entre 1904 y 1914, el periodo de los grandes pogromos del Imperio Ruso. Decenas de miles de judíos europeos huyeron a Israel, a encontrarse con los que se habían establecido allí antes y con los sabras, los judíos que nunca habían salido de la región o que habían regresado a sus ciudades luego de las muchas expulsiones.

Más persecuciones y más campañas genocidas en Europa dieron lugar a la tercera y la cuarta aliyahs, producidas a lo largo de la década de los años veinte. La violencia del nazismo en la Alemania de los años treinta dio lugar a la quinta aliyah, que movilizó a un cuarto de millón de judíos, que se salvaron así de morir en el inminente Holocausto.

En 1939, sin embargo, la administración inglesa de Palestina decidió bloquear la entrada de más judíos europeos, por temor a que la situación se les fuera de las manos. Simultáneamente, otros países alrededor del mundo prohibieron la migración judía (incluso en América Latina). Esto, por supuesto, sirvió directamente al plan de exterminio nazi: de los nueve millones de judíos europeos que había en 1939, seis millones fueron asesinados en los cinco años siguientes.

Esa migración de judíos perseguidos fue bloqueada, sobre todo, debido a la famosa Revuelta Árabe en Palestina, producida entre 1936 y 1939: los árabes protestaban violentamente porque no querían recibir en la región a los judíos que llegaban huyendo del genocidio nazi.

Terminada la guerra mundial, lógicamente, un movimiento mayor de judíos quiso hacer la aliyah. Miles de desplazados que viajaban en dirección a la región (que los árabes y los ingleses llamaban Palestina y que los judíos llamaban Eretz Israel) fueron interceptados por los ingleses y recluidos en campos de detención en Haifa y en Chipre. Como si la guerra mundial y los campos de exterminio nazi no hubieran sido suficiente. Miles de sobrevivientes de Auschwitz fueron recluidos por los ingleses en esas prisiones.

Cuando en 1948 se empezó a implementar el mandato de las Naciones Unidas para dividir Palestina e Israel de modo que ambas naciones tuvieran un lugar donde vivir sobre la tierra, al día siguiente de la declaración, los países árabes vecinos iniciaron la primera de las muchas guerras lanzadas contra Israel.

Quienes dicen que el establecimiento del Estado de Israel fue una simple maniobra conquistadora y colonial emprendida por una nación superpoderosa que no buscaba otra cosa que eliminar a un pueblo árabe, deberían revisar un poco sus manuales de historia.

15.11.12

Qué hay detrás de la tauromaquia, 1

El ejercicio del arte, tal como se lo entiende en casi todas sus concepciones modernas, implica la crítica de un sistema de valores y de un estado de las cosas, el intento de minarlos, cuestionarlos, desplazarlos y reemplazarlos en el futuro.

La tradición, en cambio, en sus formas más duras, es siempre un ejercicio positivo: es una preservación, no una crítica. Si yo defiendo una tradición, debo decir cuál es el sistema de valores que esa tradición representa y que yo quiero conservar.

(Por supuesto, hay algo de tradicional en todas las artes, pero es en su relación genealógica con otras obras del mismo arte, no en su relación con el mundo allá afuera; y también existe un arte conservador, en el que la carga tradicional se acentúa y llega a parecer predominante. Pero ni siquiera el arte conservador ha renunciado jamás a la aspiración crítica y al potencial transformador).

La confusión en la que caen los defensores de la tauromaquia se produce en el momento en que intentan abogar por ella como arte, cuando está claro que lo que hacen no es defender un arte sino una forma dura de tradición, es decir, una que se basa en la repetición formal y ceremonial de una misma acción, un mismo signo inmutable: una reinstauración del pasado en el presente, sin idea de futuro: un anacronismo, literalmente.

Esto significa que los defensores de la tauromaquia deberían dejar de empeñarse en justificarla en términos estéticos, como arte, porque la tauromaquia sólo comparte con el arte rasgos exteriores pero no su espíritu, que es un espíritu crítico. Tendrían que explicar cuál es el sistema de valores que defienden al abogar por la permanencia de esa tradición.

13.11.12

Fujimori y la novela picaresca

Según cuenta Augusto Monterroso, en algún momento a finales de la década del sesenta, un puñado de escritores latinoamericanos acordaron escribir, cada uno, una novela que tuviera como protagonista a algún célebre dictador de la región, o que al menos se basara en uno o quizás en varios de ellos. Los primeros en cumplir, a mediados de los setenta, fueron García Márquez y Augusto Roa Bastos, con El otoño del patriarca y Yo, el Supremo, respectivamente.

Años más tarde se puso al día Vargas Llosa, con La fiesta del chivo (Conversación en La Catedral, en la que el dictador es un agujero aludido pero nunca visto, es anterior al pacto). La idea siguió rondando por mucho tiempo en la obra de los otros: Carpentier, Donoso, Fuentes. Monterroso mismo se había comprometido a componer una novela acerca de Somoza, pero -confesó tiempo después- había abandonado el proyecto por miedo a que le ocurriera esa cosa rara que le ocurre casi inevitablemente a todo buen novelista: sentirse de pronto atraído por el personaje, empezar a justificarlo.

Si uno revisa Yo, el Supremo o La fiesta del chivo o El otoño del patriarca, es fácil comprender a qué se refiería Monterroso: Roa Bastos, Vargas Llosa y García Márquez construyen personajes aberrantes, execrables, odiosos, capaces de toda vileza y de toda ruindad, y sin embargo ninguno de ellos está exento por completo de humanidad, ninguno -ni siquiera el Chivo a quien Vargas Llosa describe como una encarnación del mal- está libre de algún rasgo heroico, aunque sea del heroísmo errado y enloquecido que brota en el ego de los alucinados, ese heroísmo descentrado y caricatural que sólo es concebible en las coordenadas de una mente que ha perdido contacto con la realidad.

Pregunta. Si alguien escribiera la historia del final de Fujimori: ¿sería capaz de encontrar algo de eso? A Fujimori nunca lo ha distinguido el heroísmo, claro; ni siquiera esa forma banal de heroísmo que es el coraje o la bravura de los egomaniacos. Fujimori es el presidente que salió corriendo por las calles en dirección a la Embajada del Japón cuando le dijeron que se preparaba un golpe en su contra. Es el cobarde que renunció por fax desde el otro lado del planeta porque tenía miedo de dar la cara una vez que no tuviera guardaespaldas. Es el adolescente de setenta años que le toma fotos a un forúnculo de su lengua y se retrata con cara de virgen dolorosa envuelto en velos blancos para inspirar lástima. Y es el colegial pre-teen que se dibuja autorretratos y manda mensajitos de auto-conmiseración como si los garabateara en la última página de su cuaderno escolar, hiciera avioncitos con ellos y los mirara planear por el aula hasta la carpeta de su amor platónico. "¿Te acuerdas de mí? Me siento solo".

La novela de Fujimori tendría que ser una extraña narración grotesca hecha de páginas trágicas y páginas cómicas, pero, en las primeras, las víctimas siempre serían otros, mientras que, en las últimas, el payaso siempre sería él. Cada tramo del relato tendría que ser un episodio más o menos desconectado del anterior, porque la lógica de esa novela no sería el desarrollo de una historia coherente, guiada por el grosor de unos personajes con principios, sino la yuxtaposición anecdótica de chistes ingratos y violencias gratuitas, en donde la búsqueda de un beneficio coyuntural por parte del protagonista sería el único amago de constancia y coherencia.

Ese género existe: es la novela picaresca, sólo que en esas novelas, por lo común, cuando el pícaro sufre, sufre de verdad, y el poder lo ostentan otros. Pero fíjense en los demás rasgos: el pícaro tiene un origen incierto, incluso su lugar de nacimiento está en duda, y también sus nombres, y los va cambiando según le conviene; se hace pasar por experto en diversas cosas pero siempre lo que dice excede a la realidad de sus saberes; se pinta como un caballero andante pero es un cobarde sin compostura; tiene un amo que por momentos parece su criado y cuya mano muerde apenas le resulta conveniente; alardea de su valentía pero gime y grita y se desespera cada vez que está en peligro; ante cada problema inventa una mascarada y teje una mentira y cuando la mentira se revela, coge las hilachas y teje una más grande; es un criminal pero se vuelve un leguleyo con los códigos en la mano cuando se trata de defenderse a sí mismo; termina en prisión pero sueña con volver.

Ahí donde la novela del dictador se junta con la novela picaresca, ahí es donde está escrita la historia de Fujimori. Es una intersección difícil: sólo un maestro podría recogerla sin que se volviera ridícula en sus manos.