14.3.12

Sube a mi nube (sususu-sube, sususu-sube)


No es que yo sea adivino. Es simplemente que no podía ser de otra manera: el relanzamiento de las columnas de opinión del diario El Comercio empieza a mostrar su nueva realidad, y es, si cabe, peor que la anterior. Ayer, por lo pronto, inaugurando lo que se anuncia como una rica tradición, El Comercio ha publicado un texto de Diego de la Torre que puede ser la columna de opinión más estúpida que haya aparecido en la historia de la prensa nacional. Para evitar prejuicios, los invito a leerla antes de continuar con este post. La columna la pueden ver haciendo clic sobre la imagen de la izquierda (o reproducida aquí).

Si no creen lo que acaban de ver sus ojos pueden hacer clic otra vez y cerciorarse: todos tenemos derecho de dudar ante lo absurdo. En resumen, lo que el texto dice es que el Perú sería un mejor país si no hubiéramos tenido nunca a un César Vallejo ni a un Julio Ramón Ribeyro; que Ribeyro y Vallejo son dos lastres en el imaginario de la peruanidad porque, a través de relatos como “Paco Yunque” de Vallejo y “Alienación” de Ribeyro, ambos autores nos han enseñado que en el Perú existen la injusticia social y el prejuicio, el dolor humano y la iniquidad, el abuso y la segregación, y también las máculas de un auto-desprecio forzado por las marginaciones de la sociedad.

El artículo de Diego de la Torre dice que estaríamos mejor si en lugar de tener a uno de los cuentistas magistrales de la tradición hispana y en lugar de tener a quien fuera, posiblemente, el mayor transformador de la poesía en español en los últimos trescientos cincuenta años, hubiéramos tenido una serie de epígonos de Paulo Coelho.

En el primer día de su nueva escalada a las alturas de la intelectualidad, El Comercio nos da a los peruanos el consejo de no leer a nuestros clásicos porque no nos pintan una utopía de ensueño ni nos dan consejos de microprograma motivacional ni nos idiotizan con superficialidades. El Comercio nos recomienda ser ignorantes y su columnista denuncia a quienes quisieron abrirnos los ojos. En el país de los libros inexistentes, El Comercio nos pide ignorar los libros que sí existen y reemplazarlos con lemas de autoayuda. El Comercio nos pide que leamos El Comercio y lancemos a Vallejo y Ribeyro a la papelera. ¿Es este el mismo diario que en el pasado publicó libros de Vallejo y Ribeyro? Obviamente no: este es el nuevo El Comercio; el otro era, al menos a veces, el de la noble profesión del periodismo, éste de hoy es el del más vil de los oficios.

Siguiendo la lógica de De la Torre, como es evidente, no debemos leer a Vargas Llosa, que nos dice que el Perú se jodió y encima no sabe cuándo; ni a Bryce, porque nombra la enfermedad de los regímenes de servidumbre; ni a Arguedas, que cuenta los sueños de reivindicación de los oprimidos; ni a Ciro Alegría porque en vez de engañarnos con la mentira de la hermandad nacional nos señala el racismo y el oprobio del gamonalismo; ni la poesía de Eguren porque no nos aconseja cómo salir de los pasadizos nebulosos; ni mucho menos la de Adán, que no dice nada y se está callada escuchando su propia voz.

Diego de la Torre, cuya capacidad de lectura no puede ir más allá de interpretaciones al pie de la letra (como las del célebre personaje de Ribeyro que terminó matando a su amada por su incapacidad de comprender una metáfora) supone que la vida es literalmente una competencia con repartición de medallas en la línea final, y que, en ella, alguien como Vallejo, acaso por haber muerto sin dinero o por no haber alcanzado en vida la plena celebridad, o acaso simplemente por no haberse rendido a la lógica del capital como única medida de toda moral, no es otra cosa que un fracasado.

Para Diego de la Torre, columnista de opinión de El Comercio, la manera de desaparecer la injusticia es dejar de hablar sobre la injusticia. En su artículo de El Comercio, Diego de la Torre posa de liberal cuando la idea que propone parece urdida por uno de esos funcionarios coloniales que durante el virreinato prohibieron la importación de libros de ficción a Hispanoamérica, probablemente conscientes de que cierta literatura tiene el poder de abrir los ojos de los descastados, los parias, los marginados, los oprimidos y también de los que se prestan a la preservación del status quo porque sufren el hábito de la indolencia.

La columna de opinión, como género, es la heredera más popular del ensayo, y la forma moderna del ensayo surgió, según suele repetirse, con Michel de Montaigne. En este artículo que toca el fondo más bajo en la historia de las columnas de opinión, Diego de la Torre se da maña para citar al filósofo francés. Y claro, como si se tratara de Ed Wood haciéndole un guiño a Orson Welles desde una escena de una película paupérrima, el más ridículo de los columnistas, De la Torre, cita erróneamente a Montaigne, el más sublime de los ensayistas.

De la Torre escribe: “Michel de Montaigne, célebre escritor francés del Renacimiento, concluyó en su ensayo número veintidós que ‘la pobreza de los pobres se debe a la riqueza de los ricos’”. A partir de allí, De la Torre culpa a Montaigne por haber iniciado, con su ensayo veintidós, e influyendo sobre Voltaire y Marx, no sólo “la carnicería de la Revolución Francesa” sino una cadena de eventos que culminaría en los genocidios conducidos por Mao, Stalin y Pol Pot. Mi amigo José Luis Gastañaga anotó en su Facebook algo que nos permitirá distinguir rápidamente la insuficiencia intelectual de De la Torre. Escribe José Luis:
“Está bien citar a Montaigne, pero estaría mejor citarlo bien. El columnista ha leído de todos los ensayos de Montaigne el más corto, ha tomado nota del título únicamente y lo ha reproducido (o traducido) mal. Montaigne dijo "Le profit de l'un est dommage de l'aultre", es decir, el beneficio de uno es el daño del otro. (Libro primero, Ensayo 21, ¡no 22!). Lo escribió para responder a quienes condenaban que el sepulturero se beneficiara de la muerte o el médico de la enfermedad. Sostiene que el crecimiento de una cosa supone la alteración o corrupción de otra; y eso le parece muy de acuerdo a lo que acontece en la naturaleza. Era un hombre muy sabio, Montaigne, y un escritor encantador. Ojalá El Comercio publicara sus ensayos (o los poemas de Vallejo o los cuentos de Ribeyro) en lugar de estas columnas raquíticas que nada aportan a los lectores del diario”.
A todo esto, uno se pregunta cómo así es que no hay marchas de protesta en las calles y hogueras encendidas en todas las esquinas del Perú ahora que un editorialista en el diario que antes fuera el más prestigioso del país ha llamado a dejar de leer a Vallejo y a Ribeyro. Creo recordar un oscuro incidente en el pasado lejano, uno en que un escritor peruano decía que no le gustaba la cocina criolla y las masas salían a pedir su cabeza. Incluso, en mi nebuloso recuerdo, me parece recordar haber dicho, yo mismo, que los peruanos tenían sus valores de cabeza. Pero debe de haber sido una pesadilla mía, o un viaje de LSD, porque terminaba con cocineros juzgando concursos de literatura.

Hace años, escribí que el hecho de que Alonso Alegría fuera el único comentarista del teatro en la prensa peruana era un síntoma de que las cosas empezaban a estar excesivamente mal. Ahora, una vez publicada la columna de De la Torre, el único comentario en favor de ella que he leído es de Alonso Alegría (los libros de cuyo padre deberían ser vetados si siguiéramos la lógica del columnista de El Comercio).  Alegría escribe:
“Desde hace años vengo opinando exactamente lo mismo que el vilipendiado articulista. Estoy totalmente de acuerdo con él —y no de ahora— que César Vallejo nos dio permiso a los peruanos para ser depresivos porque nacimos cuando Dios estaba enfermo, y Julio Ramón nos dio permiso para ceder a la tentación del fracaso”.
Tonterías, obviamente. Tonterías que equivaldrían a decir que por culpa de Sófocles los griegos creían que el esfuerzo humano era inútil, o que por culpa de Kafka los germanos suponen que un hombre es en el fondo una cucaracha, o que debido a Melville y a Hawthorne y a Poe y a Faulkner los americanos se creen condenados a la desgracia y al horror, o que Camus y Sartre han convertido a los franceses en fatalistas o en nihilistas. Aceptémoslo: hay una razón por la cual Vallejo escribió "Los nueve monstruos" y la obra cumbre de Alonso Alegría es Nubeluz. ¿Queremos darnos cuenta de que "desgraciadamente, hombres humanos, hay, hermanos, muchísimo que hacer" o preferimos vivir en el mundo glúfico de Alegría y De la Torre?

Apenas se anunciaron las nuevas columnas de El Comercio, Marco Sifuentes escribió por ahí que ya se notaba la mejoría. Eso debería haber sido suficiente para saber que El Comercio entraba en un periodo mayor de vacuidad y que iba a multiplicar su lucha contra la inteligencia. Ahora las pruebas empiezan a apilarse unas sobre otras. Antes los periódicos sólo servían para envolver pescado o acabar en la basura. Desde hace un tiempo la mayoría viene directamente de allí. Es la fujimorización de la prensa entrando en su nueva fase. Y con una larga lista de tontos útiles que se prestan a ello; que prestan su torpeza disfrazada de sabiduría y su ignorancia enmascarada de sentido común.

47 comentarios:

Monika Barrionuevo dijo...

Preciso como siempre, Gustavo.

Anónimo dijo...

Fachos de siglo XXI

Anónimo dijo...

Qué pena que no trabajo en la empresa de Diego de la Torre para reírme en su cara.

Anónimo dijo...

Diego de la Torre reflexiona en el Primer Congreso de Políticas Culturales cómo ser creativo, ser empresariales.

Traten de aguantarse la risa, si pueden.

Februus dijo...

Lo vengo siguiendo desde la pataleta absurda y frenética contra Ivan Thays por aquel incidente tan minúsculo. Nuevamente lúcido para contrarrestar a la estupidez que ahora se erige como autoridad omnipotente en nuestro pobre país. Saludos y el mayor de mis respetos. P. D.: Luego de leer al tal de la torre, valoré más mi amistad con Vallejo y Ribeyro.

Carmen Luz dijo...

Sabrosa y picante pluma y estoy de acuerdo en muchas cosas pero,igual, aquel escritor que se metió a comentarista culinario me parece más estreñido que acertado

Anónimo dijo...

Para Ribeyro el fracaso tiene un valor creativo, porque implica continuar la búsqueda, no quedarse estancado en la obra acabada. Que De la Torre simplifique el concepto vinculándolo con cierto derrotismo, marcha a tono con la concepción equivocada que manejan muchos en torno a Ribeyro: esa que lo encasilla en el escepticismo y que incluso intenta encontrarle nexos con un escritor tan disímil como Cioran (véase el artículo de Roncagliolo en Letras libres).

Lo cierto es que Ribeyro es uno de nuestros escritores más complejos, puesto que en lugar de insistir en la tradición novelística, como hicieron la mayoría de sus compañeros de generación, consolidó entre nosotros géneros que no eran familiares en nuestra tradición: el diario, el aforismo, el pensamiento breve y la glosa. Es por ello que representa un capítulo aparte en la historia literaria de latinoamérica; porque allí donde los otros nos remiten a Faulkner, Joyce, Proust e incluso Kafka; Ribeyro ha tendido el puente que lleva a Chamfort, La Rochefoucault y Chateaubriand.

Así como alguna vez Savater desnudó la imagen del Poe desafortunado, hay que mostrar la dimensión real de Ribeyro, más allá de ese lugar común que lo asocia con una vida bohemia, un auto-exilio en París y un pesimismo improductivo. No, la vida de Ribeyro está marcada por una lucha constante en el terreno literario, un afán de cambio tras el descubrimiento de los límites del cuento como género ("ya escribí demasiados"). El fracaso es una seducción, una cosa maravillosa que lo obliga a continuar, a abrir nuevos senderos para expresar mejor todo lo que se produce en los resquicios de su vida íntima.

Juan Carlos Rodríguez C. dijo...

Recuerdo que Alonso Alegría se ofendió y me colgó el teléfono una vez que me citó en RPP y lo llamé para avisarle que ya había llegado. Desde aquel episodio lo tengo como un tipo soberbio, muy difícil de tratar.

Todo se ha vuelto una competencia de ratas, donde abundan las fórmulas y los clichés, donde las injusticias usualmente no se denuncian y los problemas de fondo no se debaten. El arte también ha sufrido de esta atrofia, de este facilismo por vender un optimismo tan simple como miope. ¿Qué la obra de Vallejo hace del "peruano" ("un acto de fe", como diría Borges) un oscuro perdedor? Discrepo.

José Vásquez Alejos dijo...

Creo que el tal de la Torre, para empezar, no sabe leer o nunca leyó a Vallejo. Uno puede no estar de acuerdo en su forma de penzar, pero que eso sea motivo para no leer a Vargas Llosa, a Vallejo, a Ribeyro o a Rafael de la Fuente Benavides, es, creo yo, la verdadera enfermedad que nos ha sumido al infierno del tercermundismo gracias a tarados como La Torre.

Si a eso te referias Gustavo, a esta clase de "sangre nueva" que critícas en tu publicación anterior, tengo que admitir que por ahora tienes la razón.

Jvanca. dijo...

Leamos a Jaime Bayly, entre Miami y la Lima pvdiente. Con eso nos svperamos y dejamos los complejos. Ke lindis.

Jvanca. dijo...

Leamos a Jaime Bayly, entre Miami y la Lima pvdiente. Con eso nos svperamos y dejamos los complejos. Ke lindis.

Isabel Guerra dijo...

Dentro de 20 años, Ribeyro y Vallejo seguirán teniendo sus lugares en la literatura peruana y latinoamericana. En cambio, a este pobre diablo De La Torre no lo recordará nadie :)

Yolanda Elizabeth dijo...

de acuerdo con tu apreciación , dejar de leer a Vallejo seria una condena para los peruanos, pero al parecer sin querer lo estamos haciendo........

Victory dijo...

Buena respuesta.... comenzando por el titulo del post :D

Victory dijo...

Buena respuesta... comenzando por el título del post :D

Anónimo dijo...

Marco Sifuentes, el del útero....??

OMAR dijo...

Totalmente de acuerdo, Gustavo. Para tu libro, te comento que fui alumno de Alegría y que, a raíz de un pequeño drama político que escribí (muy mal escrito, por cierto) dijo unas... discutibles palabras: "Un izquierdista de mierda no es lo mismo que un terruco concha de su madre". Con todas y cada una de esas palabras. Saludos.

Martín :Utero dijo...

Diego de la Torre, sé que no me estás leyendo; sé que, si me lees, no logras comprender el sentido de lo escrito; y sé que si dices entender esto, lo estás malinterpretantdo.

Pero mas sin embargo, lo siguiente creo que será un tanto diáfano, aun para tus infinitas tinieblas:

1. APRENDE. NUNCA ES TARDE.

2. DUDA DE TUS FALACES CERTIDUMBRES Y DEJA DE ESPARCIR LA IGNORANCIA.

3. ATRÉVETE A SABER DE LA MANO DE LOS QUE SABEN, PORQUE SÍ, HAY MUCHOS QUE SABEN MUCHÍSIMO MÁS QUE TÚ, YO Y LOS DEMÁS. JUNTOS.

4. DEDÍCATE A LO QUE MEJOR SABES HACER, SEA LO QUE ESO FUERE, CON EL CORAZÓN EL SILENCIO COMO LA MODESTA OFRENDA DE TU DESAMPARO.

5. REFLEXIONA SOBRE LAS CRÍTICAS NO IMPORTA LO DURAS QUE SEAN, LO DURA QUE SEA TU CABEZA O LO SURREALISTA QUE TE PAREZCA LA PALABRA REFLEXIÓN.

Lo he colocado a modo de lista porque así concluyen normalmente los libros baratos de autoayuda que, por la manera como escribes y por el contenido de tus ideas, parecen ser los faros que alumbran tu camino... hacia ninguna parte.

Te quiere y desea el bien,

Un modestísimo lector de poesía.

Martin Utero dijo...

Señor Diego La Torre:

Sé que no va leer esto; sé que, si lo lee, no va a entenderlo; y sé que, si dice entenderlo, estará malinterpretándolo.

Pero mas sin embargo, las breves recomendaciones que acontinuación le escribo son diáfanas como el día, incluso para sus infinitas tinieblas:

ARREPIÉNTASE. EL ATREVIMIENTO DE LA IGNORANCIA SIEMPRE PUEDE TENTAR LA NOBLEZA CON UNA DISCULPA OPORTUNA.

APRENDA. NUNCA ES TARDE. DE LA MANO DE LOS QUE SABEN (SÍ, SEÑOR, EXISTEN SERES HUMANOS QUE SABEN MÁS QUE USTED, QUE YO Y QUE LOS DEMÁS... JUNTOS...), ATRÉVASE A APRENDER.

NO REPARTA IGNORANCIA COMO CARAMELOS ENVENENADOS.

REFLEXIONE CON LA MAYOR LUCIDEZ DE LA QUE SEA CAPAZ LAS CRÍTICAS DERIVADAS DE SU DESABRUPTO TEXTUAL, NO IMPORTA CUÁN DURAS SEAN, CUÁN DURA SEA SU CABEZA NI CUÁN SURREALISTA LE PAREZCA LA PALABRA "REFLEXIÓN".

DEDIQUE SU TIEMPO, ENERGÍAS Y BUENA VOLUNTAD A LO QUE MÁS SABE, SEA LO QUE ELLO FUERE, Y SIEMPRE CON EL SILENCIO COMO GENTIL OFRENDA DE SUS OBVIAS LIMITACIONES.

Las he escrito a modo de lista, tal y como lo hacen los libros baratos de autoayuda, que venden el óctuple sendero y las cuatro nobles verdades (aplicados a las finanzas o a la seducción de una mujer de piernas largas) a cambio de algunos soles y media hora sentado en un sofá. Al parecer, son esos libros sus referencias mayores y al plegarme a ese discurso las posibilidades de que logre captar el fondo del asunto crecen en, digamos, un cinco por ciento.

Algo es algo.

Lo saluda y le desea el bien a usted y su familia,

Este modestísimo lector de ficciones, pagante de impuestos, por si acaso.

Mil dijo...

Es una lástima que una persona utilice de forma tan ineficiente sus recursos intelectuales (independientemente de si estos son muchos o pocos). Más lástima me da que se la quiera dar de columnista ilustrado. Qué forma de pensamiento tan simple y light.

Mil dijo...

Es una lástima que una persona utilice de forma tan ineficiente sus recursos intelectuales (independientemente de si estos son muchos o pocos). Más lástima me da que se la quiera dar de columnista ilustrado. Qué forma de pensamiento tan simple y light.

Mil dijo...

Es una lástima que una persona utilice de forma tan ineficiente sus recursos intelectuales (independientemente de si estos son muchos o pocos). Más lástima me da que se la quiera dar de columnista ilustrado. Qué forma de pensamiento tan simple y light.

Anónimo dijo...

Todo esto me trae a la mente una de esas inscripciones que se hancen en los baños universitarios (en este caso en la Facultad de Letras de UNMSM)(valiosas inscripciones que develan muchas cosas). La inscripción era: "Hasta cuando estaremos esperando lo que NO se nos debe" (de La cena miserable, de Vallejo)... (continúa)

Anónimo dijo...

(...) Esta inscripción trajo, lamentablemente, algunas opiniones desafortunadas, como: "desvaríos de un drogadicto", opinaba uno; otro remarcaba NO (...lo que NO se nos debe), alegando que la oración estaba mal hecha. Bueno pues, entre estas opiniones sobre el verso de Vallejo y la opinión de Diego de la Torre no hay diferencia alguna... (continúa)

Anónimo dijo...

(...) Primero, una aproximación fácil al verso: "Hasta cuándo estaremos esperando lo que no se nos debe": el derecho a la vida, todo derecho fundamental es nuestro, pero los seguimos esperando, como si fuese deber de otros otorgárnoslos. (Un análisis fácil que es más bien una opinión, pero que es mucho más válida que las opiniones de estos pobres diablos)... (continúa)

Anónimo dijo...

Diego de la Torre y estos "universitarios" que señalaron a Vallejo como un simple drogadicto, son la muestra de la decadencia del mundo universitario: el pretender separar el estudio del desarrollo intelectual, el estudio de la política, la vida universitaria de la sensibilidad cultural y artística. Las Humanidades no son un cúmulo de carreras para hacer dinero... (continúa)

Anónimo dijo...

Lss Humanidades deben de formar parte básica de la formación del individuo como parte de un todo y proyectar sus esfuerzos intelectuales y sensibles a este todo. Diego de la Torre es un producto de esta modernidad que todo lo transfigura en consumo, que todo lo ve como un producto de compra y venta. Indignante, lamentable.

Anónimo dijo...

Edú:
Bravo.. La lucidez por delante, arriba y abajo.. de perfil.. Y que bueno que se pueda tener la suficiencia de masticarse el hígado (el artículo de ese plumífermo De la Torre realmente es una batido de yemas con malta y palta) y al mismo tiempo la serenidad para dar una respuesta asi de contundente ante la estupidez. Y es que parece que la consigna es tener naciones enteras de niños coreando "Grantico palmani y sum" .. ante esto un grito casi a nivel celular (como un cuento de Cortázar: "No, no y NOOOOO"
PD.- larga vida al blog. Salud

Anónimo dijo...

Vallejos le ha hecho daño añ peruano, porque institucionalizó el pesimismo y el fatalismo.


Gomes

Anónimo dijo...

Gustavo Faverón
La obra de Alegria no es Nubeluz sino de una linguista de la PUC. En un carta a Caretas, dicha profesional aclara al hijo de Ciro quien se autotitula genio en cada entrevista que ofrece.

Sonia dijo...

Qué tontería. Además de demostrar su incompetencia para comprender más allá de lo literal, la hipótesis de De la Torre no lógica. ¿Cómo puede influenciar tanto el "pesimismo" y "derrotismo" de Vallejo y Ribeyro en un país donde nadie lee??? En todo caso, ojalá que nuestro "derrotismo" fuese por esa influencia, y no por haber vivido siglos de colonialismo, un Estado negligente e injusto, y prácticas racistas en la vida cotidiana.

Eduardo Salazar dijo...

Hola Gustavo. Tengo una pregunta off-topic o topic-related.

Podrias especificar cual es la labor exacta de un critico literario? De acuerdo con que M.A.D. no es un critico literario, sino un corrector gramatical. Pero exactamente QUE es un critico literario? Incluso podrias hacer un post al respecto.

Gracias de antemano,
Eduardo

Anónimo dijo...

No sé por qué no me sorprendería ver a Nano Guerra diciendo lo mismo. Digo nomás...

Marco Zanelli

Anónimo dijo...

Olor a rojo

Anónimo dijo...

Uno ya no sabe si llorar o reir. En fin, siguiendo el camino alegre, me gusto la chiquita que le diste a Coelho

Carlos M. Mansilla Vásquez dijo...

Al igual que alditus, este es uno más de los que tienen quemado el cerebro...

Anónimo dijo...

Al igual que alditus y tantos otros "líderes" de opnión, este de la torre (así, en minúsculas) tiene el cerebro quemado...

Anónimo dijo...

Pero muchos peruanos están de acuerdo con ese artículo:

http://www.forosperu.net/showthread.php?t=302964

Miren y mueran.

Anónimo dijo...

¿Ahora crees, Faverón, que eso de Derecha Bruta y Achorada, no es un vituperio sino una "descripción densa" de nuestra clase dominante?

VPC

Unknown dijo...

Observo en ese "Editorial" de El Comercio hasta un prejuicio contra la manera de sentir del Artista en general (una voz importante que siente màs, a veces, y que se expresa usando la profundidad y los extremos abismos pues asì le viene natural...) Felizmente no todos tenemos el anhelo de volvernos Marca Perù!

Unknown dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
dediego dijo...

Pueden haber diversas apreciaciones, pero realmente a la luz de un análisis desapasionado, presenta poca contribución de ideas claras, se nota evidenciada su tendencia y su pobreza de argumentos, expresa falacias evidentes al suponer que la literatura tal cual provoca "literalmente" el efecto que manifiesta y que un par de pensadores fundamentan una filosofía... no quisiera pecar de realizar una falacia ad hominem, pero realmente provoca calificar al autor.

dediego dijo...

Pueden haber diversas apreciaciones, pero realmente a la luz de un análisis desapasionado, presenta poca contribución de ideas claras, se nota evidenciada su tendencia y su pobreza de argumentos, expresa falacias evidentes al suponer que la literatura tal cual provoca "literalmente" el efecto que manifiesta y que un par de pensadores fundamentan una filosofía... no quisiera pecar de realizar una falacia ad hominem, pero realmente provoca calificar al autor.

Anónimo dijo...

Muy buena respuesta...La lectura de obras donde se retrata el abuso o el fracaso- aún en caso de un país culto que no es nuestro caso- no necesariamente es una influencia negativa en sus lectores...Al contrario, si alguna vez viví una situación de abuso, recordar el cuento de Vallejo no me hizo callar...al contrario, tuve una actitud reaccionaria...Sobre de la Torre, yo creo que en el fondo lo busca es que nos dejemos avasallar por su pobre ideología

Anónimo dijo...

El arte interpreta todas las experiencias humanas, la tragedia, la comedia, la derrota, el triunfo.

Restringirla a lo que la sociedad "necesita" ha sido siempre una aspiracion de regimenes totalitarios.

El autor del comercio no toma en cuenta que la decada de los 30s, fue de la depresion economica, la europa entre guerras, la expansion del comunismo, etc.

Que poeta se atreveria a escribir hacerca de la certeza de tiempos mejores por venir en medio de esas convulsiones?

Buena Suerte.

Literatómano dijo...

Es indignante y más que eso, una muestra flagrante de imbecilidad de algunos personajes que ven la literatura como un error de la época, como si todos tuviéramos que contagiarnos del optimismo fatuo de estos supuestos «emprendedores».
Vallejo es una historia de éxito y, más que eso, una experiencia que solo se descubre leyéndolo.

Gracias por el artículo, estimado Faverón. Saludos.

Anónimo dijo...

Hola: estoy buscando poemas y articulos de oscar malca, hay alguien que sepa donde hallarla en internet?No encuentro nada y solamente encuentro comentarios crucificandolo por etc, etc.