17.1.12

Los nerds (Academicistas e intelectualoides, 2)

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Entre quienes con mayor frecuencia usan despectivamente palabras como "intelectual" y "académico" abunda un tipo especial: los que gustan de autodenominarse "nerds". Suelen ser treintones en All Stars, con polito de Supermán, anteojos de montura ancha y una barba de tres días que les cuesta años calcular. Suelen estar orgullosos de ignorar a profundidad los temas que les parecen muy serios y cada vez que pueden despliegan, en cambio, una especie de conocimiento caótico sobre aficiones prepubescentes adquiridas a destiempo.

Hay un error con todo eso, claro está, y es el error de la superficialidad. Los verdaderos nerds, para comenzar, no son anti-intelectuales, sino todo lo contrario, y suelen tener el espíritu académico grabado en el ADN. La mentalidad del nerd no es otra que la mentalidad del erudito: son estudiosos, investigan, rastrean, confrontan datos, construyen teorías, arman hipótesis, celebran cada descubrimiento, persiguen fuentes, se sumergen en bibliotecas y hemerotecas, materiales o virtuales, y emergen de ellas con la satisfacción de saber algo que antes no sabían.

Son impresionantemente semejantes a un profesor universitario y, con no poca frecuencia, ése es su verdadero oficio, o al menos su extraviada vocación. Alguien que quiere saberlo todo acerca de cómo funciona el cerebro humano, o alguien que quiere saberlo todo sobre el origen, la producción y la difusión de las novelas caballerescas medievales no es demasiado distinto de alguien que quiere saberlo todo acerca de cómo funcionan las redes sociales, o qué pasa en el disco duro de su computadora cuando una nueva señal ingresa en él, o qué representa en el imaginario popular el consumo multitudinario de historias de superhéroes. El asunto puede diferir, pero el hambre de conocimiento es la misma y las formas de proceder son semejantes.

En el medieval Libro de Apolonio se cuenta la historia de un rey que abandona su biblioteca, convencido de que todo lo que en ella ha leído es irrelevante o errado, y sale a conocer el mundo a caballo y luego en un velero. Unos siglos después, en el Quijote, un hidalgo manchego deja atrás su biblioteca debido a un impulso diferente: quiere, acaso inconscientemente, comprobar que el mundo real sí es idéntico al que él ha conocido en sus libros. Apolonio es un nerd que renuncia y el Quijote es un nerd practicante. Pero lo es, precisamente, porque es un bibliópata, un ratón de biblioteca, un erudito: su error es la locura, pero es la locura el error, no el ímpetu libresco. Intuye que entre libros y mundo hay una conexión real.

¿Qué cosa es un nerd que descree del academicismo, la intelectualidad y la erudición y renuncia al esfuerzo de descubrir la relevancia de aquello que atrae su curiosidad? Es un idiotizado, un hipnotizado; no es que deje de ser un poco intelectual: es que se ha transformado en un intelectual irrelevante, un falso intelectual, y su falsedad la expresa en su desprecio ante aquellos intelectuales que siguen confiando en la importancia del conocimiento.

De hecho, la academia, esa fábrica de verdaderos nerds, es la instancia social que ha dotado de relevancia a los temas que los falsos nerds reclaman como suyos pero son incapaces de comprender en su verdadera complejidad. Hay los falsos nerds que pueden citar millares de películas de horror pero jamás podrán explicar, por ejemplo, de qué manera el 11 de setiembre del 2001 marcó el nuevo boom de las películas de horror en los Estados Unidos, o cómo los monstruos mutantes y los humanos deformes invadieron las pantallas japonesas después de Hiroshima (ayer nomás hablaba de esto con un amigo, el antropólogo --y nerd-- Tito Castro).

Hay los falsos nerds que saben hasta qué marca de camisetas usa Alan Moore pero no pueden siquiera empezar a problematizar cuál es la relación entre la moral del superhéroe descreído de hoy y las obras de Nietzsche y Dostoievsky y la explosión del terrorismo contemporáneo y el imperialismo al estilo George W. Bush. Eso lo hacen, en cambio, los verdaderos nerds, casi siempre desde dentro de la academia. Hay los nerds que construyen robots (como los perros jugadores de fútbol con que mis colegas de Bowdoin han ganado medallas nacionales en torneos de cibernética) y hay los falsos nerds que se compran su muñequito de robot y acaso sueñan con ser uno.

El verdadero nerd es un académico (dentro o fuera de la academia), un intelectual, un escolástico; el verdadero nerd sabe que no hay nada trivial en la indagación de nuevos conocimientos. No es nerd por autoproclamación y no necesita las Converse blanquinegras ni el pin de V for Vendetta. Necesita más libros, más bibliotecas, más salones de clase, más archivos, más tiempo para aprender, más canales para decir lo que sabe: más academia.
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11 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente! No dejo de pensar en el esfuerzo, constancia e interminable curiosidad que debe y tiene un nerd (academico/intelectual). Lamentablemente vivimos en la sociedad donde la mayoria de personas se esfuerza mas para hacer el minimo esfuerzo.

Anónimo dijo...

Sigue golpeando Gustavo!

Paola dijo...

Y tú estás a favor o en contra de #SOPA? Eso es lo importante. Quiero conocer tu opinión

Julio dijo...

Todo està bonito menos los colores del blog, fondo negro, letras blancas, difìcil de leer, en fin, saludos...

Anónimo dijo...

Faverón, pero el uso primigenio de "Nerd" es en realidad un despropósito, un término despreciativo de lo que este presunto sujeto a quien se atribuye representa: un estilo burdo, antipopular, antiestético y, en muchas ocasiones, necio. El desagravio proviene mucho tiempo después cuando eventualmente el dicterio, usado despectivamente y con ánimo discriminador, adquiere una relevancia matizada al reconocer el dominio de ciertos temas por parte de estas personas. Pero en ningún momento se ha debilitado el carácter denigrativo del término. Usarlo como encomio es tan exagerado, como usar "intelectual" como insulto o descalificación.

Anónimo dijo...

El color del blog está bien; el fondo negro me hace descansar la vista.

Anónimo dijo...

En este mundo hay cada vez mas finteros, pseudos, como dice el primer anonimo, muchos se conforman con la apariencia y gran parte se traga la mala copia, así Jaime Bayly goza de fama y popularidad siendo abiertamente un imitador de Letterman, nos contentamos muy fácil en Perú.
Juaneco.

Pedro dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Susan Urich dijo...

Amé esta entrada. Punto.

Susan Urich dijo...

Amé esta entrada. Punto.

Melissa Vizcarra dijo...

Recién leo esta entrada. Me encantó, tu descripción de los "nuevos nerds" me hace recordar a los hipsters que tanto me sacan de quicio.