31.5.12

Tudela, el fujmorismo y la extrema derecha

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Cada vez que quiero mencionar a los intelectuales del fujimorismo acabo nombrando a dos: el historiador Pablo Macera, que se hizo fujimorista a cambio de una pensión congresal, y la lingüista Martha Hildebrandt, que se hizo fujimorista porque en el Perú no hay partido nazi. En la nómina siempre se me escapa el nombre de Francisco Tudela, acaso el fujimorista que mejor finge interesarse en el ejercicio de la inteligencia (1).

Tudela tiene un blog (no puedo dar fe de que él lo administre, pero los textos son suyos), y en él, a lo largo del último año, han aparecido unos artículos de comentario político, en su mayoría de tema internacionalista. Todos ellos están recorridos por dos ideas tan fijas que parecen haber sido concebidas no en un cerebro sino en un bloque de piedra. La primera idea es que él, Tudela, es dueño de una opinión tan lúcida y tan transparente y tan racional acerca de la política contemporánea, que no existe en el fondo diferencia alguna entre esa opinión y la más pura e impersonal de las verdades; la segunda idea, la central, es que el resto del mundo está dominado por una sola ideología, que él llama "pensamiento único" (habitualmente encarnada en el diabólico ideario de la "corrección política"), una ideología que ha invadido el universo como un espíritu maléfico.

Según Tudela, el "pensamiento único" y la "corrección política" son avatares del "viejo comunismo genocida", pieles de cordero bajo las cuales se siguen ocultando los marxistas, que no son otra cosa que criminales confabulados, hampones conjurados para capturar el planeta e imponer, sin que nadie se dé cuenta, la dictadura de la "manada única".

Lo que llamamos "democracia", piensa Tudela, es un discurso que está corrompido desde siempre, no sólo desde la revolución francesa y no sólo desde la revolución americana, sino desde Atenas (el "pensamiento único" mató a Sócrates), y hoy en día no sirve más que como un disfraz para la imposición de un totalitarismo economicista. Según Tudela, los liberales son marxistas olvidadizos, los conservadores fiscales son marxistas camuflados y los mercantilistas son marxistas de parranda. Los izquierdistas en general, claro, son primero gángsters y después marxistas.

La manera en que Tudela y varios otros sobre quienes ya escribí en su momento se refieren al "pensamiento único" y a la "corrección política" es voluntariamente engañosa y mistificadora: dentro de esos campos, según ellos, conviven Wall Street, la acción afirmativa, el feminismo, la nueva izquierda, el neoliberalismo, Fox News, los sindicatos, Lula da Silva, los postestructuralistas franceses, Borges, Disneylandia, los nacionalismos árabes y los teóricos de lo postcolonial, porque todos ellos, de alguna retorcida manera, al parecer, son hijos de Marx, hijos que lo obedecen o lo extreman, unos; hijos que lo subliman, otros; hijos que lo ocultan aviesamente, la mayoría.

Cuando uno revisa, en cambio, los nombres que Tudela propone como ejemplos de disidencia y libertad de pensamiento, es decir, como ejemplos de individuos que se deshicieron del "pensamiento único" para pensar por su cuenta, comienza a perfilarse el otro lado de la ecuación: algunos son muy esperables: críticos feroces del marxismo, como Nisbet, Dawson o Röpke; cuando piensa en el pasado más lejano, cauto, Tudela no suele referirse, como los otros, a De Maistre, demasiado identificado ya con el fascismo, al menos desde las críticas de Isaiah Berlin, pero sí se refiere a alguno de los compañeros de viaje de De Maistre, como Louis de Bonald; y le resulta inevitable arrimarse bajo el ala de al menos uno de los héroes de la extrema derecha radical contemporánea: Ernst Jünger, el mayor sensualizador de la violencia en la literatura alemana de su tiempo.

Es por lo menos perturbador descubrir que Tudela menciona a Jünger entre los pensadores cuyas ideas lograron que la pesadilla del comunismo no se impusiera en Europa y que, en virtud de ello, no vivamos hoy en un mundo como el de "la desoladora ficción de 1984 de Geroge Orwell". No sólo por la ostensible falsedad de la afirmación, enteramente gratuita, sino porque, si uno compara 1984 con Tormenta de acero, la más célebre novela de Jünger, descubre de inmediato que la diferencia crucial entre ambas ficciones es que la de Orwell denuncia el horror del totalitarismo y la degradación y deshumanización de la violencia mientras que la de Jünger glorifica la violencia e idealiza la guerra hasta casi deificarla.

No en vano el primer crítico italiano en señalar a Jünger como una inspiración y un norte ideológico fue Julius Evola, el mismo fascista del que escribí hace meses, que es el ícono de los neofascistas peruanos. No en vano, asimismo, Tormenta de acero fue lectura obligatoria en las escuelas del Tercer Reich. Recordar este último dato y releer el párrafo en el que Tudela elogia y encomia a la sociedad en que Jünger produjo su obra por no haber reprimido las ideas del autor, cuando uno sabe que esa sociedad fue la del declive de la República de Weimar, primero, y la del régimen nazi, después, produce una duda más que justificada: ¿tiene Tudela conciencia de lo que dice, o su alabanza de la libertad de opinión en la Alemania nazi es solamente un producto de su ligereza o de su ignorancia?

Algunos de ustedes recordarán los posts que escribí hace meses sobre el grupúsculo de profesores universitarios de extrema derecha que opera en algunas casas de estudio limeñas: la mayor parte de los artículos estuvieron referidos a las cosas que publica el profesor Eduardo Hernando Nieto en su blog Nomos contra anomos. En ese mismo blog, algunos artículos de Tudela aparecen publicados junto a las fotografías de los héroes intelectuales de Hernando Nieto: por ejemplo, el mencionado Julius Evola, traductor al italiano del libro fundamental del fascismo antisemita, Los protocolos de los ancianos sabios de Sion.

No es sorprendente que Tudela ande en esas compañías. Comparte con Hernando Nieto y con otros de los autodenominados "metapolíticos" (nickname preferido por los neofascistas desde hace varios años y que Hernando usa como volada cuando publica artículos de Tudela) más de un rasgo: el placer declarado por la literatura fascistoide; el enmascaramiento del radicalismo extremista de derecha bajo la apariencia de disidencia; la proclamación de una lucha heroica emprendida contra un sólo gran enemigo (el "pensamiento único"); la mentalidad paranoide que encuentra en todas partes conjuras y confabulaciones secretas y que no es otra cosa que una tendencia a reemplazar la racionalidad con teorías conspirativas.

Sería injusto dedicar todo este espacio a Francisco Tudela y no hacer siquiera una pasajera referencia al momento clave de su historia intelectual: esos mítines fujimoristas en que el miserable dictador ponía la música y Tudela bailaba, como un simpático monito de feria, con sus esperanzas puestas en la vice-presidencia del país, dispuesto a soportar cualquier ridículo con tal de obtenerla. No lo menciono para prolongar la vergüenza: creo que es un momento que lo describe, y que describe el espíritu mismo de ese fascismo lumpenesco que fue el régimen de Fujimori y creo que también describe su pobreza intelectual, la miseria y la banalidad de sus proyectos frustrados.

También el profesor Hernando y varios otros de los "metapolíticos" apoyan al fujimorismo, aunque lo hacen con la distancia peculiar de quien se siente distinto. (Hernando está tan sumergido en su coqueteo perpetuo con los fascistas del pasado que Fujimori le parece un "libertario", aunque eso no le impidió darle su voto a Keiko Fujimori). ¿Qué cosa atrae a estos personajes, aunque sea intermitentemente, hacia el fujimorismo? Mi impresión es que les agrada y les cae bien el vacío intelectual de Fujimori y los suyos: son como la mota que borra todo lo escrito y nos deja con una pizarra en blanco.

En el caso concreto de Tudela, a la luz de sus propios artículos, uno acaba por llevarse la impresión de que el fujimorismo representaba para él, por supuesto, un mecanismo rápido de llegada al poder, pero no sólo eso: la forma en que Fujimori destruyó el sistema democrático peruano no tenía por qué dolerle a alguien que juzga a toda la democracia contemporánea un cadáver doblemente enterrado; la falta de principios del fujimorismo resulta una especie de hermano gemelo casual de las críticas al "pensamiento único" y la "corrección política" que esgrimen personajes como Tudela y los otros. Los "metapolíticos", con la mente bloqueada por sus teorías conspitativas, no creen básicamente en el mundo real sino en los fantasmas que ellos mismos construyen; para ellos, la democracia es una cortina de humo; el fujimorismo, por su parte, no cree en las leyes morales por las cuales los demás tratamos de guiarnos y por eso los consensos de la democracia le resultan idiotas y despreciables.

Ese es el punto en que ambos convergen. Ambos representan una forma de aborrecimiento ante la intelectualidad, aunque los fujimoristas comunes muestren su horror abjurando de la necesidad misma de razonar y los "metapolíticos" lo hagan reemplazando la razón por una seudo-razón extraviada y enloquecida.

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Este post apareció por primera vez el año pasado en mi antiguo blog.

(1) Y, como un amigo me hace notar, se me escapa más persistentemente aun el nombre de Fernando de Trazegnies, por razones que prefiero dejar inexploradas por ahora, pero que deben relacionarse con mi insistencia en obviar a los intelectuales cuando ninguna idea me conduce a ellos.
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11 comentarios:

Anónimo dijo...

Fernando Dezastregnies, según veo en whiskipedia, es el actual Marqués de Torrependeja y Conde de las Lagunas

Anónimo dijo...

EL PERÚ TUVO MÁS NOBLES QUE NINGÚN OTRO LUGAR DE AMÉRICA
Nuestro país fue la colonia con la mayor cantidad de titulos nobiliarios, 127 en casi tres siglos. Mario Vargas Llosa es el primer peruano en recibir categoría de noble en 190 años
RONALD ELWARD
Editor y Genealogista
Cuando Simón Bolívar abolió los títulos nobiliarios en 1824, lo hizo porque creía que representaban un legado negativo de la Colonia. Y aunque desde entonces no existen legalmente en el Perú, con el tiempo varias familias buscaron su rehabilitación y actualmente ocho peruanos ostentan títulos que vienen de aquella época.
De ellos, cinco son marqueses y cuatro condes. El ex canciller Fernando de Trazegnies Granda es el único que posee dos: 4º marqués de Torrebermeja y 6º conde de las Lagunas.
Su ancestro, José Juan Vázquez de Velasco y Ontañón, 4º conde de Las Lagunas, fue uno de los firmantes del Acta de la Independencia y, según la historia que cuenta él mismo, cuando sus padres descubrieron que un español había pedido que se le adjudique el uso de ese título, decidieron tomar cartas en el asunto (…)

Anónimo dijo...

(…) NOBLEZA OBLIGA
Su familia no podía dejar ir así nomás algo tan vinculado a la historia del país y enjuició al supuesto impostor. Pero los padres del ex canciller murieron antes de que la corte fallara a su favor, con lo que su hijo Fernando lo heredó en 1984.
Para él tener un título nobiliario es algo que tiene que ver más con la vida familiar y no con poseer un objeto de brillo social. “Tenerlo implica que ‘nobleza obliga’, y eso nos lleva a vivir con dignidad y a mantener un estándar de conducta”, expresó.
Su otro título, el de marqués de Torrebermeja, fue otorgado a don Juan Gelder de Calatayud, quien había sido corregidor de Chancay en 1727.
María Josefa (Chepita) de las Mercedes González de Orbegoso y Alvarado, es la 7ª condesa de Olmos. Para ella, un título es algo que vincula de manera muy especial a su familia con la historia del país. Su antepasado fue el mariscal Luis José de las Mercedes de Orbegoso y Moncada-Galindo, presidente del Perú entre 1833 y 1836, e hijo de la 4ª condesa de Olmos.
“La nobleza impone una manera de ser humilde y sencilla porque es importante dar un ejemplo”, explicó.

Heinrich Heine dijo...

Frase mortal: ... Martha Hildebrandt se hizo fujimorista solo porque en el Perú no hay partido nazi. Felicidades por ello.

Anónimo dijo...

Gustavo mira las respuestas en este post.



http://tbpd.wordpress.com/2012/06/03/como-se-valida-el-conocimiento-objetivo/

Gracias

Enrique Prochazka dijo...

Hola Gustavo, hoy se anuncia en Lima la traducción al inglés de El Anticuario. Felicidades!

Anónimo dijo...

hablando de flatulencias del fujimorismo aqui una perita que opina uds señor faveron de estos dos.
http://www.youtube.com/watch?v=d8aRP6lSDgA

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Gracias, Enrique! Un abrazo. (Nunca me dijiste qué te pareció la novela, ¿no?).

Anónimo dijo...

ortiz te llamó waripolera de ampuero, jajajaja

Enrique Prochazka dijo...

Amigo, téngame paciencia. Yo no soy un lector profesional y bien sabe ud. cómo roba tiempo la paternidad. Yo tengo cuatro de esos entretenidos robatiempos y uno más por venir. Desde luego, yo sigo esperando -tranquilo, lo sabré un día- saber siquiera una palabra acerca de qué opina ud. de CASA, novela que se publicó en 2004. Un abrazo,
E

Luis Antonio Ortigas Buendia dijo...

Buen artículo, como siempre.
Un "typo" en la décima línea del décimo tercer párrafo: "conspitativas", en vez de "conspirativas".